En los últimos días se han producido un par de noticias, una buena y otra mala, en relación con el mercado del aquiler. La primera de ellas ha sido la firma de un convenio de colaboración entre la Sociedad Pública de Alquiler (SPA) y la Confederación Pública de Cajas de Ahorro (CECA), por la cual, esta última ofrece a la primera 137.000 viviendas que poseen en sus carteras inmobiliarias.
Son viviendas procedentes de la burbuja inmobiliaria y destinadas a la venta, pero que el mercado ha rechazado porque la demanda ha sufrido una caída muy notable.
Ahora la CECA, además de inten tar buscarles una salida a través del mercado del alquiler, ahorra dinero, porque la provisión que han de hacer es mucho menor si la destinan al alquiler que si la mantienen en venta. Para el mercado la noticia también es muy buena por varias razones.
En primer lugar, porque puede abaratar el precio de los alquileres ya que estas nuevas 137.000 viviendas van a inyectar sin duda competencia y aunque no hay nada seguro, hay muchas más posibilidades de que una cosa baje de precio cuando hay competencia, que al contrario.
La otra razón, aunque más estructural, es también muy importante. Pintan bastos en la situación económica y los próximos años no parece que vayan a ser sencillos. En esta situación, el alquiler es la opción más razonable. Además, en España necesitamos reequilibrar el mercado de la vivienda, excesivamente volcado hacia la compra.
Algunas de las rigideces del mercado laboral tienen que ver también con esta situación. En un mercado laboral que necesariamente tendrá que flexibilizarse más, la vivienda en propiedad tiende a crear anclajes, a fidelizar a las personas a un territorio determinado, aquel en el que tiene su casa, imposibilitando de esta manera esa movilidad laboral que se dice ahora indispensable. Eso por no hablar de los equívocos e inexactitudes que se han ido propagando en estos años acerca de las ventajas, calidad de vida, ahorro, etc., que supuestamente tienen los propietarios de una vivienda, frente a los que han elegido la opción del alquiler.
Pero se trata sin duda de una bu ena noticia para el mercado inmobiliario. La otra es la denuncia realizada la semana pasada por la Confederación de Consumidores y Usuarios de Madrid que afecta a algunas empresas, por suerte minoritarias, presentes en el mercado del alquiler.
Según estas denuncias, para poder acceder al alquiler de una vivienda algunos arendatarios están pagando cantidades astronómicas, que pueden llegar a los 4.800 euros. Las empresas que gestionan estos alquileres parecen actuar sin complejos y aplican una denominada garantía adicional que, como ya hemos mencionado, obliga a un desembolso inicial desorbitado e injustificado, por mucho que sea legal.
Con estas prácticas, el mercado del alquiler pierde. Los bancos deberían dedicarse a lo que es su negocio principal, prestar dinero, y dejar el mercado del alquiler a otros, o también podrán seguir el ejemplo de la CECA, y poner sus viviendas en manos de los que tienen más experiencia en este campo. El alquiler de una vivienda no puede estar sujeto a las rentabilidades de la bolsa. |