Al parecer, y según comentan algunos medios de comunicación, la autoridad competente –léase Ayuntamiento de Madrid– estaría a punto de dar su aprobación para que se instalen cámaras de televisión en los taxis de Madrid. El objetivo no es otro que garantizar que las condiciones en las que desarrollan su trabajo sean las más seguras posibles.
Nada que decir a esto último. Sin embargo a lo primero, la instalación de cámaras, me van a permitir que disienta. Empezaré reconociendo que el tema es controvertido, que genera polémica y que por todo ello lo que yo pueda hoy decir hoy aquí no tiene por que ser compartido. Lo acepto. No obstante creo que es bueno que hablemos de ello.
Porque lo cierto es que no veo nada claro este asunto de las cámaras. El principal, y casi definitivo, argumento, es que la instalación de una cámara que grave al supuesto infractor, o al violento que atraque al taxista, no evita el delito ni las consecuencias que esto pueda tener para su víctima. Podrá tal vez, a posteriori, identificar al autor y facilitar su captura.
Y digo tal vez porque conocido que en un determinado vehículo hay instalada una cámara (este requisito es obligado ya que el cliente tiene derecho a recibir una información que puede ser determinante a la hora de aceptar o no este servicio), el delincuente puede optar por abordar a otro taxi que no lleve este artilugio, o simplemente inventará algún truco para no ser reconocido por las cámaras. Ni siquiera el factor que se está difundiendo como más virtuoso, la prevención, es seguro que se cumpla con la instalación de estas cámaras. Insisto, no hay nada que pueda impedir que un descerebrado ataque a un taxista en su trabajo.
Así que atendiendo al derecho, fundamental eso sí, a la seguridad que todos debemos tener, se pone en peligro otro derecho, tan fundamental como el primero, que es el de la intimidad e integridad personal. Y todo esto sin que se pueda garantizar que a cambio de renunciar a parte de nuestra integridad, los taxistas vayan a estar seguros en su trabajo.
Mucho más seguros. Primero porque a nadie se le puede garantizar seguridad total en su trabajo (ya se sabe: el riesgo cero no existe) y segundo porque el colectivo de taxistas es, desde el punto de vista estadístico uno de los más seguros. Y ya se que el modus operandis y la carga dramática que conllevan los accidente laborales en el taxi no son comparables, aunque sólo sea por la alarma social que crean, con otros sectores, pero al mismo tiempo no es menos cierto que hace años, y el marco de uno de estos sangrientos y repudiables “accidentes", los mismos taxistas que ahora reclaman estas cámaras pusieron el grito en el cielo y consiguieron que la autoridad competente –el mismo Ayuntamiento de antes– les pagará en parte (con dinero de todos no se olvide) unas mamparas de seguridad.
Ahora díganme ¿Cuántos taxis creen ustedes que circulan en estos momentos por las calles de Madrid con estas mamparas? ¿tal vez un 2 %? Puede que incluso menos.
Pero sigo. ¿No creen ustedes que la progresiva implantación del pago con tarjeta en los vehículos no sería una medida mucho mas disuasoria que las cámaras que ahora se quieren implantar, o de las fallidas mamparas de hace años? Si no existe pecunio en el taxi que llevarse, se acabó el motivo fundamental del atracador.
Pero en fin, y por terminar, ¿no puede ocurrir que un día aparezcan en Internet o en otro formato parecido las imágenes de inocentes ciudadanos/as sorprendidos en un taxi? Seguro que el 99% de los taxistas son personas integras y honradas, ¿pero no es posible que un garbanzo negro –en todas las profesiones los hay– no apriete la tecla de grabar a quien no debe?. Insisto no es fácil, pero pensemos.
No volvamos a sacrificar una vez más la libertad, en aras de una mas que dudosa seguridad. |