ALONSO GUERRERO
El llamado Partido Socialista hace tiempo que huye de sí mismo, como Caín. Nada como este anticuado siglo XXI para mostrarnos que seguimos en el XIV, cuando el capitalismo iniciaba su largo camino hacia la deshumanización. Entonces, el capitalismo todavía era una forma de justicia. La única manera de saber que Dios te quería era tener riqueza. El dinero era un indicio de rectitud, ahora lo es de vileza, de modo que el socialismo, que sabe que tiene los días contados, recurre al granero de los ricos, al impuesto sobre las grandes fortunas, a los mimados de Dios. Todo es propaganda. Lo sangrante de esa propaganda es que enfrenta al pueblo, que es quien otorga la democracia, con los poderosos, que son quienes la ordeñan.
Desde Robin Hood, el gravamen a los ricos ha sido lo más revolucionario de nuestra civilización. No han sido los gobernantes quienes lo han impuesto, sino los proscritos. Al rico sólo se le puede gravar a mano armada, cuando estaciona la limusina. 30.000 millones de euros se han ido de España desde que se debate la posibilidad de que los ricos tengan menos exenciones. Tendríamos que preguntarnos: ¿qué dinero es el que se va?, ¿el que nunca ha pagado impuestos o, precisamente, el montante de impuestos que nunca se han pagado? El dinero, en efecto, tiene alma, moral, un propósito clarividente, un hálito que retrata al hombre que lo posee, sin que éste pueda evitarlo. La especulación financiera es como la inmobiliaria: las piedras sobre las que se asienta no son para construir, sino para lapidar.
Sería justo y hermoso que los adinerados pagasen más impuestos, porque en un sistema montado sobre el fraude, son los que más defraudan. El Gobierno tendría que gravar la mala política, a los bancos, a los especuladores, en lugar de a trabajadores y pensionistas. Tendría que darle bondad al dinero, infundirle un aliento social. Claro que para eso tendría que ser un gobierno socialista. En este país de vendidos, siempre hay alguien que saca provecho por no pronunciarse. Nuestro verdadero símbolo de progreso es la abstención. |