Lo que no engorda te mata
por Uno de la Redacción

JUEVES 27 DE MAYO DE 2010 A LAS 17:31 HORAS
Opinión > Política
 
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XAVIER COLÁS

 

La recuerdo bajando del coche con gracejo real. Al fondo, un taller de lavado y engrase. Una señora con carrito de la compra hizo un alto en el camino para presenciar ese momento. Sí, Sarah Ferguson caminaba por Pryconsa, en Alcalá. Y desde aquel paseo de Neil Amstrong por la superficie lunar no se recordaba que la huella de un bípedo comprendiese una metáfora tan gorda del ser humano y sus límites. 


Vino a promocionar una sucursal de clínica de adelgazamiento. Y nos dejó una frase para la historia: “Perder peso por vosotras, no por los pantalones vaqueros”.  Ahora  esta pelirroja un poco fatal –como casi todas las pelirrojas– vuelve a las portadas de los tabloides. La Duquesa de Pork ha sido grabada por una cámara oculta vendiendo acceso a su ex marido, el Príncipe Andrés, por medio millón de libras. Ahí es nada. El hombre de negocios resultó ser reportero del dominical sensacionalista News of the World, que le preparó una celada haciéndose pasar por un millonario deseoso de contactar con el hijo de Isabel II. 


Los contactos, siempre los contactos. Y la realeza, siempre la realeza. Ricos y menesterosos al mismo tiempo, siempre necesitados de una trato especial, una ley particular, un tratamiento estratosférico y una financiación que nunca basta. Al final los extremos se tocan y mientras unas pobres hacen rotondas otras adineradas venden al marido a trozos porque ser rico sale muy caro. El Rey no es feliz si no caza donde Cristo perdió la alpargata, y aunque se aburre en el yate parece que el medio de locomoción marino le saca de algún apuro. Pero apurados estamos todos, en bancarrota o por lo menos con miedo a esa palabra. A mi me llega el IBI, a usted el numerito y a la duquesa de Pork los mequetrefes periodistas embozados de hombres de negocios. Nos pinchan donde nos duele y, ay, fallamos y arrendamos a nuestra madre o hasta el martillo, yunque y estribo del esposo. 


Hay cosas que el dinero no puede comprar. Pero, maldita sea, son tan caras....


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