Leer por morbo
por Uno de la Redacción

VIERNES 21 DE MAYO DE 2010 A LAS 18:12 HORAS
Opinión > Cultura
 
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ALONSO GUERRERO

 

Los escasos apocalípticos que quedan en la España de Zapatero, los verdaderos socialistas, los últimos fabianos, los que piensan que la huelga de funcionarios no debería hacerse el día 8, sino el 6 de junio, domingo, no comprando y no encendiendo la tele, no pasando por delante del Congreso y no creyendo en la bondad de los incompetentes, antes leían los periódicos por convicción, y ahora los leen por morbo. Las obediencias de los periódicos alientan, para muchos, la crispación con que se tolera la felicidad pastelera de tantos colectivos que continúan preguntándose aquello de Supertramp: Crisis? What crisis?

Este botellón de gente muda que coge la vez para ingresar en las estadísticas se ha vuelto increíble y despiadado. Antes, los periódicos informaban sobre la política del Gobierno, ahora discuten su existencia con la misma pasión. Unos intentan iluminar evidencias que nos aplastarían si nos cayeran encima, y otros se obstinan en ocultarlas, aunque esto resultaría imposible hasta poniendo siete partidos de liga a la semana, o sacando más muecas de Belén Esteban que sentencias de Garzón. Ahora el Reich de menesterosos en que vivimos nos ofrece nuestra balada de Narayama. Todos vamos a dejar de cobrar por no protestar, así que las televisiones y los periódicos, los únicos foros en que no pasan las cosas que se cuentan, abren sus puertas de leproserías.

Antes leíamos para enterarnos de qué opinaban los demás. Ahora vamos a los medios en busca de zarpazos y escándalos. Hemos llegado a un punto en que todas las opiniones son patéticas, por redundantes o por indefendibles, así que al menos nos queda el divertimento de los espectadores del cine mudo: nadie habla, sólo suena la pianola de Leire Pajín, y en las páginas de los diarios una caterva de políticos pagados para repetir consignas irrepetibles se arroja tartas a la cara, y sale a la calle, al cierre de los plenos y los tribunales, apretando las tuercas de la maquinaria, igual que Chaplin en Tiempos modernos. Los sindicatos nos han prohibido la desobediencia civil, pero nos consuelan con una charlotada.


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