“EL CONGRESO DE LOS RATONES”
Félix María Samaniego (1745-1801) Laguardia (Álava)
“Desde el gran Zapirón, el blanco y rubio,
que después de las aguas del diluvio
fue padre universal de todo gato
ha sido Miauragato
quien más sangrientamente
persiguió a la infeliz ratona gente.
Lo cierto es que, obligada
de su persecución la desdichada,
en Ratópolis tuvo su congreso.
Propuso el elocuente Roequeso
echarle un cascabel, y de esa suerte
al ruido escaparían de la muerte.
El proyecto aprobaron uno a uno.
¿Quién lo ha de ejecutar? Eso ninguno.
“Yo soy corto de vista." "Yo muy viejo.
"Yo gotoso", decían. El concejo
se acabó como muchos en el mundo.
Proponen un proyecto sin segundo.
Lo aprueban: hacen otro. ¡Qué portento!
Pero ¿la ejecución? ¡Ahí está el cuento!”
Hay que poner coto a la perversión del capital, causa de todos los males que aquejan a todos los habitantes del globo.
Los ojos ambiciosos de los que manejan los hilos del dinero nos advierten: “Si me tocáis, os araño las entrañas y me zampo vuestros sueños. Sois números para mí. Cifras seguidas de ceros en mis distintas cuentas privadas, siempre me encuentro bajo el sol que más me calienta, mientras os permito la existencia para que alimentéis mis avaricias siempre insatisfechas”
Estos pobres miserables, estos enfermos mentales con síndrome de Diógenes, camuflado de éxito vital, en sociedades adoradoras del becerro de oro; estos dragones incendiarios son más perversos que los psicópatas pues su codicia enfermiza trasmite tragedias y angustias vitales por el resto del planeta.
Para los utopos de Thomas Moro, los que iban cargados de cadenas de oro al cuello eran simples esclavos que trasportaban el material de intercambio con mucho sudor.
Habiendo hambre, la riqueza se presenta a mi corazón como una vulgar obscenidad, un signo de insensibilidad en quien la ostenta. Menos humano, cuanta más ambición atesora el rico. Un hombre inhumano es un gran riesgo para el resto de los humanos. La epidemia de inhumanidad genera serios conflictos sociales.
El límite de la enfermedad nace, cuando amenaza seriamente. Corremos el riesgo de venirnos todos abajo como un castillo de mil barajas de naipes. Es hora de poner el cascabel al gato que nos araña los sueños de armonía.
El gato es tan sutil, tan monstruoso, con uñas tan afiladas, nos da tanto pánico ver agujeros en nuestros débiles bolsillos, somos tan vulnerables, que no queda otra que aunarnos todos. Individuos y sociedades, todos los cerebros aunados, todas las manos dispuestas a trabajar cada quien en su campo, para evitar ser atrapados por tan negro gato como ratones con las barrigas cargadas de los más variados quesos y las más amargas de las leches.
Uno de la muga |