Si me tocas, te araño
por Uno de la Muga

VIERNES 21 DE MAYO DE 2010 A LAS 10:02 HORAS
Opinión > Cultura
 
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“EL CONGRESO DE LOS RATONES”

Félix María Samaniego
(1745-1801)
Laguardia (Álava)

 

“Desde el gran Zapirón, el blanco y rubio,

que  después de las aguas del diluvio

fue padre universal de todo gato

ha sido  Miauragato

quien más sangrientamente

persiguió a la infeliz ratona gente.

Lo cierto es que, obligada

de su persecución la desdichada,

en  Ratópolis  tuvo su congreso.

Propuso el elocuente Roequeso

echarle un cascabel, y de esa suerte

al ruido escaparían de la muerte.

El proyecto aprobaron uno a  uno.

¿Quién  lo  ha  de  ejecutar? Eso  ninguno.

“Yo soy corto de vista." "Yo muy viejo.

"Yo  gotoso", decían.  El concejo

se  acabó  como  muchos  en el mundo.

Proponen  un  proyecto sin segundo.

Lo aprueban: hacen  otro. ¡Qué portento!

Pero ¿la  ejecución? ¡Ahí está el cuento!”

 

Hay que poner coto a la perversión del capital, causa de todos los males que aquejan a todos los habitantes del globo.

Los ojos ambiciosos de los que manejan los hilos del dinero nos advierten: “Si me tocáis, os araño las entrañas y me zampo vuestros sueños. Sois números para mí. Cifras seguidas de ceros en mis distintas cuentas privadas, siempre me encuentro bajo el sol que más me calienta, mientras os permito la existencia para que alimentéis mis avaricias siempre insatisfechas”

 

Estos pobres miserables, estos enfermos mentales con síndrome de Diógenes, camuflado de éxito vital, en sociedades adoradoras del becerro de oro; estos dragones incendiarios son más perversos que los psicópatas pues su codicia enfermiza trasmite tragedias y angustias vitales por el resto del planeta.

 

Para los utopos de Thomas Moro, los que iban cargados de cadenas de oro al cuello eran simples esclavos que trasportaban el material de intercambio con mucho sudor.

Habiendo hambre, la riqueza se presenta a mi corazón como una vulgar obscenidad, un signo de insensibilidad en quien la ostenta. Menos humano,  cuanta más ambición atesora el rico. Un hombre inhumano es un gran riesgo para el resto de los humanos. La epidemia de inhumanidad genera serios conflictos sociales.

 

El límite de la enfermedad nace, cuando amenaza seriamente. Corremos el riesgo de venirnos todos abajo como un castillo de mil barajas de naipes. Es hora de poner el cascabel al gato que nos araña los sueños de armonía.

 

El gato es tan sutil, tan monstruoso, con uñas tan afiladas, nos da tanto pánico ver agujeros en nuestros débiles bolsillos, somos tan vulnerables, que no queda otra que aunarnos todos. Individuos y sociedades, todos los cerebros aunados, todas las manos dispuestas a trabajar cada quien en su campo, para evitar ser atrapados por tan negro gato como ratones con las barrigas cargadas de los más variados quesos y las más amargas de las leches.

 

Uno de la muga


Comentarios
uno de la muga
sábado 22 de mayo de 2010 a las 19:39 horas
Amigo Vic:
Es halagador que sientas sensatas mis opiniones, sin embargo tengo mis dudas, a no ser que vivamos en un mundo totalmente insensato. Entre lo que es y debería ser, hay abismos que parecen insalvables para la humanidad.
Teóricamente, el liberalismo económico podría funcionar si los que lo manejan tuviesen unos límites éticos. El éxito económico metamorfosea las éticas y el dinero, almacén de energía disponible, se convierte en un fin en sí mismo.
vic
sábado 22 de mayo de 2010 a las 08:56 horas
Esa es una de las cuestiones. La política entretiene mucho hasta su ejecución y aplicación a la realidad. Distancia entre teoría y práctica. Los distintos estados en el tiempo. El espacio y su intemporalidad.
Señor de la muga, tu opinión envuelve palabras que a mí se me antojan claves en este momento: “vida, corazón, sensibilidad, humanidad, sociedad, armonía, individuo, sociedad…” Puede que sean las llaves a los candados que el gato puso para mantener controladas las celdas que nos hacen pequeños y entregados a una irrealidad cegadora.
Podemos mirar más al ser como protagonista de la vida y dejar el valor del capital como un tener necesario pero insustancial. Me temo que nuestra influencia es mínima, pero me alegra infinitamente saberme en la onda de alguien con opiniones sensatas… un abrazo y salud para seguir creando.
[1-2]

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