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Crusa: ¿La punta del iceberg?
Antonio R. Naranjo - lunes 28 de marzo de 2011 a las 08:08 horas
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El Director del Diario analiza el 'Caso Crusa' y se pregunta por las sospechas que lo rodean: dinero, obras, adjudicaciones y silencios. Y reclama una respuesta pública.

 

 

Por Antonio R. Naranjo


Es muy probable que Manuel Queypo de Llano se esté preguntando en este momento, mientras mira desde su retiro en Las Rozas cómo se derriten las últimas nieves de la Sierra madrileña, si le ha merecido la pena una larga, cómoda y rentable carrera en la Universidad si, a cambio de muy poco trabajo, unos ingresos desmedidos y no pocos viajes y comidas de postín; ha tenido que ejercer de mamporrero administrativo, de fontanero financiero y de criado de su señorito a la manera de los guardaespaldas de Gene Hackman en ‘Poder Absoluto’.

En la película, no la mejor del grandísimo Clint Eastwood pero sí muy ilustrativa para entender cómo la impunidad del poderoso puede encontrar su horma en el más inesperado zapato; los agentes de seguridad del presidente de los Estados Unidos asesinan a su amante cuando ésta se defendía de un violento ataque sexual: la cortina levantada para tapar el brutal episodio queda rota cuando un ladrón de guante blanco que intentaba robar en esa misma mansión presencia los hechos.


Manuel, más Llano que Queypo, pero en todo caso emparejado remotamente con el ínclito general fascista que tanto apreciaba disparar a mujer y niños, ha respondido afirmativamente al dilema planteado en el primer párrafo, ejerciendo de guardaespaldas bien remunerado durante dos décadas, lo que denota tanto una endeblez moral galopante cuanto una falta de visión espectacular: pudiendo quizá ser el caco, optó por ser el gorila que primero dispara y luego apunta; pero el retrato final le convierte además en un lerdo que acaba comiéndose el marrón en forma de despido procedente.

 

Sólo una salida de armario moral, con la confesión pública de que todo lo que hacía lo hacía obedeciendo órdenes, puede tamizar un poco la valoración del personaje, cuya catadura sólo admite una segunda posibilidad no mucho mejor pero sí más acorde con la secuencia de los hechos, la identidad de sus jefes, la naturaleza de su trabajo y la miríada de acontecimientos vividos en todos estos años, imposibles de abarcar para alguien cuyas competencias se asemejan más a las de una marioneta que a las de ventrílocuo: más que hacer hablar a un muñeco de trapo; a Queypo hay que buscarlo al final de los hilos que otros mueven en la oscuridad.

 

 

 

Como Queypo de Llano no habla, o no lo ha hecho hasta ahora, hemos de  entender su defenestración a regañadientes, ejecutada con nocturnidad por el rector y sin ningún deseo de que se conocieran las razones; como un último servicio de esta cabeza de turco de libro: además de matar a la víctima, parece haberse disparado en el pecho para dar más verosimilitud al montaje.

 

Porque nadie se cree ni que este personaje, más cercano al López Vázquez que decía aquello de “un esclavo, un servidor, un amigo, un siervoooooo”, se haya estado levantando una fortuna directa o indirectamente recogida en nómina sin que nadie lo supiera. Y nadie puede tragarse, a menos que sea de esos incautos que buscan burros en el cielo, que su retribución no sea más que la consecuencia personal de un despilfarro mucho mayor, de una componenda más grande, de un negocio con empresas privadas desde el dinero público en el que a él le caían las jugosas migajas por estampar la firma, limpiar la sangre o blanquear las apariencias.

 

La actividad residencial de la Universidad de Alcalá es, en realidad, una sucesión de operaciones urbanísticas más fáciles de encajar en el guión de la serie ‘Crematorio’ que en el estante del deseo institucional por conceder alojamiento a sus alumnos o profesores y reforzar con ello el sentimiento de pertenencia a una comunidad universitaria y ciudadana.

 

No hay que ser muy lince para coger de un lado a las empresas firmantes o beneficiadas por los contratos (CRUSA, Siresa, Facioni) y de otros los ejercientes de la potestad adjudicataria (Virgilio Zapatero y Fernando Galván a través del nexo común entre ambos rectores llamado Daniel Sotelsek) para concluir que el hedor no llega del extrarradio de Alcalá (peatonalizado por cierto para que una de esas tres firmas citadas se levantara casi 300.000 euros del ala), sino de un lugar mucho más lejano: la muy shakesperiana Dinamarca, paradigma literaria de la podredumbre.

 

Si a esa suma de dos más dos se le añaden los tejemanejes de los Cuarteles, donde no se hace nada pero vaya por Dios sí se garantiza otra residencia desde el minuto uno; las broncas internas a cuento de las viviendas universitarias en La Galera; las amenazas de tirar de cajón que el propio Sotelsek ha oreado por media ciudad para callárselas una vez logrado su influencia y estatus; los desplantes de catedráticos que hoy podían ser rectores pero se quitaron de en medio cansados de tanto exceso y la conformación de consejos de administración para premiar a lidercillos estudiantiles y silenciar a opositores sindicales, sólo podemos alcanzar una conclusión.

 

A poco que los estamentos universitarios se tomen en serio sus obligaciones fiscalizadoras; a poco que quieran demostrar que lo suyo era ignorancia y no complicidad; a poco que aparezcan algunos hombres buenos dispuestos a sumar, deducir, cruzar datos, reclamar explicaciones y defender a la institución; sabremos algunas cosas: si el turco es un primo y ahí termina la historia -¡y un burro volando!-; si además tiene algo que ver su argentino compañero de partidos de golf; si además tiene algo que decir el superior de ambos en puesto y hándicap golfístico; si además todo ello es un negociete o una chapuza consentida por el sucesor de todos ellos puesto allí para ver, oír y callar o si, finalmente, estamos sólo ante la punta del iceberg.

 

Eastwood siempre ha reflexionado en sus películas, sea un western, un thriller, un drama o incluso una comedia de mamporros; sobre la ancestral pugna entre el bien y el mal. Y aunque en alguna de ellas no gane el que lo merece sino el que mejor esconde las pruebas; en ‘Poder Absoluto’ se impone la decencia y el mismísimo presidente americano paga por sus pecados y delitos.

 

Sólo hace falta un ladrón de guante blanco, o negro: da igual mientras cace ratones. Aunque sólo sea por miedo a que algún día, a no mucho tardar, se vean en los papeles y ya no puedan alegar que ellos hicieron lo posible por evitar este mamoneo. ¿Tic, tac? Tiene toda la pinta.


Comentarios Sociales



Comentarios
Olga G.
lunes 28 de marzo de 2011 a las 10:14 horas
Esto empieza a estar emocionante. Vamos a ver qué hace ahora Queypo. Él tiene la respuesta a muchas preguntas. Ahora hay que ver si se inmola -no sería de extrañar que en caso de hacerlo lo hiciese por un suculento pacto- o abre la boca y se lleva por delante a unos cuantos, situados muy “arribita”.

Otra anécdota: parece que Crusa, o para ser más exactos, todos los satélites universitarios, son potenciales centros de prácticas ilícitas. No queda tan lejano los tiempos en que su anterior máxima responsable, Montse, fue también despedida por algún gasto millonario a golpe de Visa.

Las aguas corren turbias. Porque Queypo sabe mucho y de muchos. ¿Callará u otorgará?



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