Nace en estas páginas y en nuestra web para estimular el debate, la crítica, la supervisión y el progreso de una institución que, a su juicio, vive momentos de penumbra.
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A vuelta de vacaciones, se cumplirán ocho años del ascenso al poder de Virgilio Zapatero, el rector que, en su exclusivo interés personal, abandonó sus responsabilidades institucionales en el peor momento para la Universidad de Alcalá (UAH). Antes de abandonar el barco que naufragaba, Zapatero maniobró para que su delfín, Fernando Galván, continuara con una política universitaria que, adormeciendo a muchos y enriqueciendo a algunos, amenaza con hundir a la Cisneriana. Ahora se cumplen algo más de cien días desde que Galván asumiera el Rectorado. Ha llegado, pues, el momento de hacer un balance de su gestión y también de refrescar un poco la memoria, para que no se nos olvide que todo el mundo tiene su pequeña historia.
Fernando Galván es el sucesor directo de Virgilio Zapatero, su mentor político y padrino electoral, y el voluntario heredero de un sistema, el del clientelismo fundado en una universidad privada de corte peronista (discurso de izquierdas y rapiña corporativista), que subyace al amparo de la pública y que lleva operando en la UAH desde la década de los noventa, parasitando los recursos y vampirizando los ingresos públicos. Pero mientras que durante la década de los noventa la UAH se consolidaba como institución y ascendía en el ranking de las universidades españolas, la llegada al rectorado de un advenedizo universitario, Virgilio Zapatero, apoyado por la camarilla peronista en la sombra, significó el inicio del declive, el comienzo de una imparable cuesta abajo, que ahora consolida plenamente el heredero del virgiliato, Fernando Galván.

A modo de epitafio académico, cuando se despidió como rector, Virgilio Zapatero resumía en las páginas de ABC: “De cada experiencia he sacado algo positivo y siempre he conocido a mucha gente. Espero que mi próxima etapa siga conociendo a más gente y enriqueciéndome y si puedo aportar algo en el servicio público, a lo que me he dedicado toda la vida, será un placer". Las negritas son nuestras, y subrayan la trayectoria de alguien que ha hecho de la política un ejercicio de proyección personal. Aunque su página personal en Wikipedia proclama falazmente que Virgilio Zapatero “Ha ejercido durante tres décadas la docencia como catedrático de Filosofía del Derecho", la realidad es más prosaica. Diputado cunero por Cuenca durante varias legislaturas y ministro (sin Ministerio) de Relaciones con las Cortes con Felipe González, una vez que terminó su carrera política Zapatero –catapultado por sus mentores los catedráticos Elías Díaz y Gregorio Peces-Barba– apareció por primera vez en la vida académica como profesor titular en la recién abierta Universidad de Almería, donde sesteó algún tiempo antes de que sus mentores convenciesen a Manuel Gala de que su ingreso como catedrático en Alcalá sería la piedra filosofal para la UAH. Tras la creación de una plaza ad hoc y de la constitución de un tribunal a su medida (mentores incluidos), Zapatero se incorporó como catedrático en 1999 a la UAH. Desde entonces, Manuel Gala no ha dejado de lamentar el trile académico-político del que fue confiada víctima. Porque si Zapatero era una perla académica, ¿porqué no lo incorporó don Gregorio a la Universidad Carlos III de la que era rector por entonces?

Político avezado, don Virgilio se percató pronto de que la crispación que caracterizó el último mandato de Gala necesitaba de un juez de paz. Dotado de una meliflua actitud jesuítica, Zapatero vio ahí una nueva oportunidad de medrar en su propio beneficio. Además, fue plenamente consciente que sin el sistema clientelista creado por los dieciocho años de galismo no había posibilidad ninguna de trepar en la Cisneriana. De manera que maniobró dentro del sistema, contactó con el peronismo universitario, pactó con él y pronto se convirtió en el rector pacificador. A su alrededor trabajaban dos personajes, uno a plena luz como Vicerrector, Fernando Galván, el otro en la sombra, Daniel Sotelsek, que venía de limpiar las sentinas gerenciales del galismo terminal aprovechando, de paso, para introducir a empresas argentinas en el tinglado de la economía universitaria.
Lo mejor que puede decirse de Zapatero como rector de Alcalá es que su desconocimiento de la vida académica universitaria, el cultivo de las relaciones humanas para su enriquecimiento personal (Virgilio dixit), y su afán por conseguir medallas, bandas, distinciones y doctorados honoris causa de un sinfín de universidades bananeras, le impidieron (felizmente) dedicar más tiempo a la UAH. Con la sociedad y la universidad españolas sumidas en la peor de las crisis, Zapatero no dudó en seguir dedicado al servicio público al que ha dedicado toda la vida (Virgilio dixit), por lo que, sacrificando su voluntad de servicio a la universidad y aprovechando su indudable experiencia financiera, pasó a ocupar una Vicepresidencia en Caja Madrid, algo que sin duda continuará enriqueciéndolo por vía de una sustanciosa nómina.

Obligado por quienes le habían aupado al poder, Zapatero había dejado las cosas bien atadas desde 2008. En connivencia con el peronismo complutense, aquel año calcularon los pasos que había que dar para vencer en las obligadas elecciones que tendrían lugar dos años después. El oscuro y dócil vicerrector de Profesorado, Fernando Galván, presentó su dimisión y se agazapó mientras que Virgilio Zapatero y la “universidad paralela" le preparaban la alfombra roja que habría de convertirlo en el rector-títere manipulado por el peronismo fáctico. Se apoderaron del CIFF, generosamente financiado por el Banco de Santander (¿en qué beneficia a la UAH ese centro y qué piensa don Emilio Botín manteniéndolo?) para engrasar la maquinaria clientelista y para acabar con cualquier posible recuperación del “galismo", y siguieron otorgando prebendas desde la universidad paralela cuyo buque insignia es el IELAT (si quieren conocer los nombres de quienes vampirizan la UAH no tienen más que buscarlos entre los colaboradores de ese instituto y de otros “institutos" universitarios.
Hombre taimado, cauteloso y maniobrero, Galván obtuvo un permiso (con sueldo y beca asociada) para realizar trabajos de investigación en Oxford durante el curso 2009-2010. Utilizó el tiempo libre, que era todo porque ladinamente había logrado estar libre de obligaciones académicas, para preparar su campaña electoral al Rectorado que le organizó un equipo comandado por Daniel Sotelsek y financiado involuntariamente por el Banco de Santander vía CIFF. Un equipo, por lo demás, que ensució la campaña comprando a los responsables del Consejo de Estudiantes (ahora convertidos en miembros de los consejos de administración de las empresas universitarias), lanzando insidias e insultando y descalificando personalmente a los otros candidatos.

En su campaña, además de una quimérica piscina cubierta con la que engatusó a una aborregada facultad pastoreada por el actual vicerrector de Profesorado, prometió la integración de todos. Obtenido el Rectorado organizó un sistema sectario: hizo una limpieza absoluta de todo atisbo de oposición en los órganos de gobierno para colocar a quienes le habían apoyado en campaña; destituyó a los responsables de empresas e instituciones universitarias para premiar a sus esbirros; colocó al peronismo y a sus hombres y mujeres de paja en los puestos donde se adoptan las decisiones en la que circula el dinero. Mientras tanto, la Universidad sigue su imparable hundimiento. Animamos a quien lo desee a que visite estos días los departamentos universitarios: en algunas facultades podría ocurrir un cataclismo sin provocar una sola baja académica. Galván, su equipo y la Inspección de Servicios dependiente del rector, no se dan por enterados.
Como testimonio más visible de sus cien días de gestión, el rector Galván ha conseguido que la Universidad de Alcalá haya visto rechazado su proyecto de acceso a los Campus de Excelencia Internacional, cuyo fallo hemos conocido estos días. Pero no sólo no se ha conseguido el premio mayor que han logrado otras catorce universidades españolas: la UAH es, junto a la Rey Juan Carlos (URJC) la única universidad española que no ha conseguido ni siquiera una de las 105 menciones que, a modo de pedrea o de consolación, se han otorgado a todas las universidades que han presentado su proyecto. Dicho de otra forma: el proyecto estaba tan mal fundamentado que no ha merecido ni una sola mención. Nos han ninguneado. Nos han despreciado. Como reza el dicho castellano “no hay mayor desprecio que el no hacer aprecio".
Se dirá que el proyecto presentado a esta convocatoria no es obra del actual equipo rectoral sino herencia del anterior. En primer lugar, Galván lo defendió y lo asumió como suyo propio, como otras herencias que aceptó de buen grado. En segundo lugar, el proyecto fue gestado, redactado y presentado por quien es ahora es un cargo de la máxima confianza de Galván: el Vicerrector de Innovación y Nuevas Tecnologías. Además, es sabido que en todas las convocatorias hay un escenario público y una trastienda que los proponentes de un determinado galardón deben trabajar en pro de sus candidaturas. La insolvencia personal y la incapacidad de gestión política de Galván se han mostrado con toda su crudeza: ni es interlocutor para la Comunidad de Madrid ni lo es para las autoridades ministeriales.

El sistema universitario español está sobredimensionado. Sencillamente sobran universidades y falta control público sobre unas instituciones claves en el desarrollo del país. La convocatoria de los Campus de Excelencia señala el camino que se nos viene encima: sólo las universidades más fuertes y mejor valoradas tendrán su futuro consolidado como universidades de primera categoría. Las restantes desaparecerán o, con suerte, serán absorbidas por las más cualificadas. Que la Comunidad de Madrid –encantada de conjugar universidad pública, ineficacia y cierre– quiere disminuir su costoso y poco productivo sistema universitario lo sabemos todos los que trabajamos en la universidad. Que la UAH tiene todas las papeletas para perder su identidad es la crónica de una muerte anunciada. De las seis universidades públicas madrileñas cuatro (Autónoma, Complutense, Carlos III y Politécnica) han conseguido la mención de Campus de Excelencia Internacional. Su futuro está garantizado. Las otras dos, UAH y URJC, ocupan los dos últimos lugares. En esta convocatoria han formado una alianza estratégica con los resultados que acabamos de comentar: ni una sola mención. La URJC es una universidad creada por el PP, de hecho una de las pocas universidades españolas creadas específicamente por el partido político de la derecha. Interlocutores políticos tiene. La de Alcalá ni referencias políticas (que se han perdido tras las últimas elecciones) ni capacidad de interlocución, según se ha demostrado en esta última convocatoria, en la que hasta la Universidad de Mondragón (¡Sí, pásmense, hasta en Mondragón tiene su alma mater!) ha obtenido mención de calidad.
Galván ha devuelto a la Universidad de Alcalá a sus orígenes de 1970, cuando era un paria entre las universidades españolas. Continuando el proceso de declive iniciado por Virgilio Zapatero, la Universidad de Alcalá amenaza con tocar fondo: el de su desaparición como universidad diferenciada y su transformación en un campus de tercera, en un patio trasero de cualquier otra de las universidades madrileñas. Sin haber merecido ni una sola mención entre las universidades españolas y situada como farolillo rojo de las universidades madrileñas, el futuro de la Universidad de Alcalá es muy oscuro. Tan oscuro como la toga de un rector que ahora calla y que, de continuar por el camino iniciado, acabará por instaurar en Alcalá la paz definitiva: la paz de los cementerios, la paz que se impuso en Alcalá en 1836.
--------- * PEDRO GUMIEL es un colectivo formado por miembros de la Universidad de Alcalá |