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Recortes: la UAH mira para otro lado
Redacción - lunes 14 de junio de 2010 a las 16:27 horas
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Editorial. Los propios trabajadores de la Universidad sufrirán un recorte salarial que el rector no tiene pensado aplicarse a sí mismo y a su equipo. Mientras, la Complutense reconoce su derroche y se aprieta el cinturón.

 

Parece que la Universidad de Alcalá no se quiere aplicar todavía el dicho de “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. En las últimas semanas, mientras el Gobierno acelera –por fin–  programas de recorte que casi se solapan en las primeras páginas de los periódicos, mientras Europa exige más contención, mientras los municipios vuelven a reducir sus retribuciones... la Universidad asiste con una cierta frialdad al debate, la preocupación y las medidas valientes para contener un gasto que es de todos como si no fuese con ellos.


No necesitaría irse muy lejos el rector Galván para inspirarse. La Universidad Complutense –sensiblemente más grande con 86.000 alumnos– aprobó la semana pasada  un plan de ajuste para reequilibrar su  presupuesto. Como a tantas, le sucede que cuenta con más gastos que ingresos. Ante eso va a tomar medidas impopulares que, como poco, debería sopesar el rector: desde subir todo lo posible el precio de las matrículas del próximo curso hasta reducir la plantilla de profesores mediante la racionalización y optimización en la distribución de la carga docente. En el mismo viaje, obviamente, está incluído acabar con algunas sangrías improductivas que la UAH sabe que tiene, así como reducir altos cargos, alquilar inmuebles propios, ahorrar en protocolo y móviles y dosificar el gasto en energía o bajarse el sueldo, algo que inauditamente no piensan hacer pese a que ya lo están sufriendo los trabajadores de la institución.

 

Ninguna de estas medidas ha sido ni siquiera valorada desde la Universidad de Alcalá, mientras para todo el mundo queda como algo evidente que se trata de ejemplos trasladables: de hecho, ambas se quejaban hace poco de las estrecheces en las que las había sumido la Comunidad con su presupuesto. La respuesta al mal trago actual no puede ser en un caso podar lo superfluo y en el otro defenderlo como si unos gastos fuesen más necesarios o menos caros en un lugar que en el otro.

 

Todo esto no sería más que un ejemplo de autismo de la universidad ante lo que la rodea. Pero el contexto actualmente no está para atonías ni para experimentos. Es intolerable que ni en una situación tan adversa quienes gestionan el dinero público se den por enterados. Los sistemas sobredimensionados y a menudo ineficaces con los que gobiernan deberían ponerlos los primeros de la fila a la hora de asumir las reformas necesarias para sacar al país de la crisis.

 

Pero en lugar de eso son los pensionistas y los parados los colecivos vulnerables que ven su vida afectada por los inevitables y dolorosos cambios. La UAH debería comprometerse más con el dinero que recibe en lugar de funcionar como un mero molino impulsado por el flujo inagotable del río. Porque la UAH se mueve con recursos de todos y si todos se aprietan el cinturón es indecente mirar para otro lado.


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