Para lograr la paz, has de estar preparado para la guerra, decía ese Maquiavelo oriental conocido por Sun Tzu, de obligatoria lectura en la Casa Blanca, sin ir más cerca. |
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Y algo de eso tiene la letra pequeña del acto inaugural de Galván en el rectorado, un campo de apetitosas manducas para un Topo que se precie de serlo.
El primer husmeo llega del altiplano, en las inmediaciones de Anchuelo, donde con menos orla y boato se han reunido no menos de una treintena de universitarios para celebrar la antimisa del Paraninfo: mientras uno tomaba posesión en noble estancia; otros quedaban poseídos por el espíritu de la oposición, que está callada pero no muerta. Ojo al dato, que diría el célebre García, porque al rector se le puede rendir el hasta hace nada opositor Gala... pero no parece que vayan a hacerlo muchos de los que, en la primera vuelta o en la segunda, no le votaron y ahora rumian su estrategia futura con una premisa: lo que no se pudo contar o demostrar antes... puede contarse o intentar demostrarse ahora. ¡Más madera!, que dicen los Hermanos Marx y los Topos de bien.
La llegada de algunos vicerrectores y gerentes, así como la indisimulable resurrección de Zapatero, ha reactivado no pocas de las tensiones de la campaña y promete fuertes emociones en el futuro: la ausencia de los tres rivales de Galván en el Paraninfo (uno en Barcelona, el otro en Lérida, el de más allá avisado diez minutos antes y en todo caso los tres distantes) simboliza lo que puede venir en un futuro en el que alcalde y presidenta han dejado además su huella y no pondrán fácil casi nada. Y mientras, desde Chile y Argentina, los ecos de Sotelsek llegan a lomos de una vicerectoría que tiene algo más que ojos clavados en ella. Palabra de Topo. |