Los cinéfilos podrán invadir hoy viernes el territorio de 'Planet 51'
Cristina Martínez - jueves 26 de noviembre de 2009 a las 20:06 horas
Es la película, junto a 'Agora', más cara de la historia del cine español. Tras su estreno en EEUU, la comedia alienígena más imaginativa del momento llega a nuestras salas
Con Shrek, Planet 51 sólo comparte que “sus protagonistas son verdes y tienen antenitas”. Eso y que el autor de estas palabras, Joe Stillman, es el guionista de ambas producciones. Porque en lo que respecta a los demás, las distancias son tan grandes como un Oceano.
Y es que Planet 51, uno de los esperados estrenos de animación del año, tiene sus orígenes a este lado del Atlántico, aunque su repercusión es tal que si bien ahora se estrena en España, hace una semana llegó a más de 3.000 salas de cine repartidas por todos los Estados Unidos. La cinta ya se ha perfilado, junto a Agora, como la película más cara del cine nacional, con 55 millones de euros de presupuesto, y unas expectativas de recaudación que superan los 600 millones de euros.
Y al margen de las cifras –y aquí va otra: 350 personas han trabajado en este filme que ha pasado por un proceso de ‘cocción’ de siete años– es una imaginativa comedia familiar y alienígena que tiene, entre sus filas a un alcalaíno, Jorge Vigara, que junto a un ejército de animadores puso alma y talento a los personajes de la película.
La idea de una invasión marciana a la inversa fue lo que cautivó a Stillman –que ahora está afanado en Los viajes de Gulliver y su estreno en 2010– cuando llegó a sus manos el proyecto de los directores Jorge Blanco, Javier Abad y Marcos Martínez. En los felices años 50, de una América ideal con casas modélicas que olían a emparedado, con Cadillacs aparcados a la puerta, camisas a cuadros, faldas de vuelo y diademas, el mundo miraba hacia las estrellas imaginándose la vida en otros planetas. ¿Y cómo era esa vida?
Al menos en Planet 51, por aquellos años, era una versión yanqui de aquella vida sólo que pintada de verde y, quizás, algo viscosa, porque el realismo de los personaje y decorados de esta producción llega a un nivel que, con la magia del 3-D, deja adivinar hasta las texturas.
En este escenario de barbacoas y gorras de beísbol extraterrestres vive Lem, un chico de 16 años tan verde como el resto de sus vecinos, que sueña con ser, un día, el director del Planetario en el que trabaja para casarse, después, con Neerea. Los días felices se trastocan cuando durante una merienda en familia, aterriza en su jardín una nave especial y de ella sale Chuck, el capitán de la NASA. Ante la amenaza de una invasión terrícola, Liam se las ingeniará para esconder al astronauta de la tropa alienígena que le persigue. Todo ello con guiños a ET o 2001, una odisea en el espacio. Y ahí va otra coincidencia más con Shrek.