Germán López es uno de los empresarios que mueven los hilos de la noche alcalaína. A sus 35 años, su nombre está ligado a las salas Carmen, Macnamara y DéjàVu –locales que lleva junto a Joaquín de Juan y Francisco Casado– y Lola, la pulpería de la calle Cerrajeros que comanda en compañía de su primo. Corredor de fondo en el mundo de la hostelería, es algo que le viene de familia, Germán pone, con el resto del equipo, todo su empeño en una nueva apuesta. Pondrán otro color a las veladas con conciertos en directo en la discoteca del CC El Val. Modestia Aparte pasó por allí, ahora es el turno de Un Pingüino en mi Ascensor y tienen a Hombres G o Los Secretos en el punto de mira.
-¿La noche, por gusto o un negocio más? -En mi caso es algo que he mamado desde pequeño. Cuando tienes 18 años trabajar en un bar de copas es una diversión. Pero cuando asumes que es una obligación, lo vives de otro modo. Hay días que estás cansado de llevar un ritmo de vida distinto al resto. Pero todo trabajo tiene sus pros y sus contras. Aunque lo prefiero a trabajar en la construcción, que lo he hecho, o vendiendo libros de puerta en puerta. La verdad es que te diviertes.
-Bares de copas y discotecas, ¿una opción rentable? -Ahora mismo nada es rentable. Es cuestión de tener suerte. Hoy puedes tratar de mantenerte pero ganar... No se consume como antaño.
-¿Qué le falta a la noche alcalaína? -Es difícil decir que le falta. Yo estoy satisfecho con la mayoría de la clientela que va a mis locales. Pero diría que le sobraría el clásico idiota que se te cuela en la sala y es poco recomendable. Aunque pones todos los filtros posibles para intentar que cierta gente pase, es difícil de detectar. Así que diría que sobran aquellos que quieren crear problemas. Al margen de esto, diría que la noche alcalaína goza de buena salud.
-A la palabra ‘botellón’... -Estoy en contra. Entiendo que hay chavales que no se pueden permitir gastar en una copa, yo también he tenido esa edad. Lo que no se puede permitir es la falta de civismo y de decoro, un comportamiento salvaje y que se moleste a los vecinos que están viviendo en las zonas en las que hay bares. Luego, se hace la vista gorda y se culpa a los locales, porque dicen que ponemos un precio elevado en las consumiciones. No nos importaría poner precios más bajos, pero hay que saber cuánto cuesta mantener un local. Podría llegar a entenderles si luego tuvieran educación, cuidarán las zonas y se limpiaran.
-¿Recuerda su primera fiesta? -Sería con 14 años. No recuerdo una. Ha habido tantas...
-¿Whisky, ron o combinado? -Cerveza. Me gusta el ron pero soy de cerveza.
-¿Barra o pista de baile? -(Risas). Barra. A mí ya se me ha pasado la edad de bailar. Ya no tengo cinturita.
-¿Una canción para acabar la noche? -Soy fanático de U2 así que When the streets have no name (escúchala aquí)... ¡De maravilla!
-¿Un lugar en el mundo? -Yo tuve un paréntesis en el que me fui a vivir a Irlanda. Cuando sales fuera, la mente se abre y te das cuenta de que te equivocas si sólo piensas que como en España, en ningún sitio. Irlanda me ha dado muchas cosas. Aparte del idioma, el trato allí es muy bueno, las condiciones de trabajo también, llegas y empiezas con todo en regla. Irlanda tuvo cosas buenas y satisfactorias.
-De Irlanda se traería a Alcalá... -Que allí, al menos con la gente con la que yo estuve, se trabaja para vivir y no al revés. La relación sueldo-vida está más sujeta. Los sueldos no son de 900 euros.
-Un local ideal fuera aquí... -Soy amante de la decoración y sigo las tendencias en salas. Aunque últimamente salgo poco, el último local que he visitado y me ha gustado ha sido Ramsés (Pza. de la Independencia) en Madrid.
LA CITA: La sala Carmen te propone asistir la noche del viernes al concierto que Un pingüino en mi ascensor dará en sus instalaciones. Será a las 23.45 horas. Entrada: 5 euros. Están en la calle Sanrander, s/m (CC El Val). Pincha aquí para escuchar uno de los temas de su último disco 'Piromanía'.
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