A vueltas con la maleta y a punto de dejar el calor marbellí para regresar a Madrid y estar puntual a su cita con la Semana del Mayor de Alcalá de la que hoy es pregonera, la actriz y presentadora de televisión Laura Valenzuela, risueña, suspendía ayer por unos minutos el ritual de guardar enseres junto a su nieto para “charlar” –prefiere este termino al de ‘entrevistar’– con este Diario sobre las cosas de la edad, porque lo que es del pregón, prefiere “no desvelar nada”.
-¿Qué tal le sienta a una que le llamen para ser pregonera de unas jornadas dedicadas a los mayores? –Me sienta fenomenal. Ya nos toca a los mayores, porque los jóvenes siempre tenéis un campo abierto enorme. Me encanta decir que soy mayor y que tengo los años que tengo.
-O sea que no se va a enfadar si le pregunto qué edad tiene. –Ni me enfado ni me pongo colorada ni nada. Y es que después de toda una vida, mi edad ha salido tantas veces en los periódicos que es difícil ocultarlo. Además, tienen una puntería... Sólo una vez creo que me quitaron un año.
-Entonces, hablamos de... –79. En febrero cumplo 80.
-Sin peloteo, ¡quién lo diría! ¿Se le llena la boca cuando dice 80? –Me encanta que me digan lo bien que los llevo, y me lo dice todo el mundo. Me pasó que cuando iba a cumplir 70, me repetía la edad a mí misma y a diario para hacerme a la idea y acostumbrar el oído. Pero, ahora que lo pienso, con los 80 no lo he hecho. Creo que voy a empezar a decírmelo ya.
-Comparta con el resto el secreto para llegar a su edad en plena forma. –No tengo ningún secreto. No sé, como muchas lentejas, garbanzos y judías. Como no sea eso... No sigo una dieta especial, pero sí que tengo un metabolismo que se lo traga todo. Vamos, que me cuesta engordar.
-Ser mayor, para usted significa... –Significa tener otra visión de las cosas. Para mí ser mayor es vivir los años que me queden con tranquilidad, sin meterme con nadie. No quiero opinar sobre nada, quiero llevar mi vida lo mejor posible, estar bien de salud, que lo estoy –puede presumir de haber superado un cáncer–, y disfrutar de tener dos nietos maravillosos y una hija estupenda.
-Algunos abuelos se quejan de que hoy les toca hacer de padres de sus nietos. ¿Es su caso? –Me ha tocado ser abuela. Afortunadamente mi hija tiene su casa y sus hijos. Y allí, la madre es la madre y yo sólo voy a verlos. Mi papel es el que me quieran dar. De todas maneras nunca fui una madre agobiante y tampoco soy una abuela obsesiva ni pesada, aunque tengo que decir que mis nietos están muy bien cuidados. Por otro lado cuidar a los nietos no es nada entretenido, ocuparte de un hijo es más fácil, porque es puro instinto; pero de los nietos es complicado, porque con ellos te entran muchas dudas.
-Hablando de entretenerse ¿Con qué se divierte uno cuando suma años? –No tengo ni idea. Conozco a abuelos pero nunca les he preguntado. En mi caso, me entretengo ocupándome de mis cosas, leo, veo la televisión que me gusta, ayudo a mi hija si me pide que le eche una mano...
-Antes de saltar a la fama ¿fue jefa de ventas de martillos pilones? –¡Sí! De maquinaria agrícola. Lo que pasa es que un día me acerqué al Paseo de la Habana porque buscaban a chicas para la televisión. Entonces, me preguntaron si había hecho algo de radio o de teatro. Les dije que no, a lo que ellos me contestaron: “Vuelva mañana”. Y el mañana ha sido hasta hoy.
-¿Qué fue lo que les cautivó? –Que era la única que se presentó (risas).
-O sea que usted no iba para este mundillo. Incluso he leído que lo del cine no le gustaba. –Es que no tenía ni idea. Claro, que luego me tocó estudiar lo que en la vida. La verdad es que yo hice el ingreso en Bachillerato y empecé la carrera de Comercio, pero odiaba las matemáticas. Fíjate que siempre me ha parecido que las matemáticas eran una mentira muy gorda, así que en tercer curso lo dejé. Y mira que me hubiera venido bien haber acabado como Inspectora de Hacienda. Pero me metí en la televisión y en el cine. Por eso te digo que al final, con este trabajo, me ha tocado estudiar como si me hubiera metido en siete carreras.
-El cine quizás no –su filmografía acabó en 1971 con Españolas en París, de Roberto Bodegas– pero la pequeña pantalla, a la que llegó en los 50, sí le llenó. –Sí que me gustó. Tuve que aprender, como todos en ese momento porque en aquella época nadie sabía cómo iba eso de la ‘tele’. También hice radio...
-Sólo le faltó trabajar en el papel. –Me hubiera gustado, pero en su día no me atreví. Me ofrecieron algo para televisión pero yo les dije que cuando hubiera terminado la carrera de periodismo, lo haría. Años después aquello lo hizo otra persona. Y eso que lo de entrevistar, o ‘charlar’ como yo prefiero llamarlo, es algo que siempre me ha atraído. Y la charla acaba porque el coche que la trae de vuelta a Madrid no espera y las maletas están por terminar.
EL PREGÓN: Laura Valenzuela estará el martes 31 de agosto a las 19.30 horas en la Plaza de Cervantes. |