
Es inaudito, amén de indecente, que los mismos directivos pseudoempresariales que nada han hecho o dicho relevante para evitar la sangría de empresas en Alcalá, con el coste en puestos de trabajo, capacidad emprendedora y riqueza colectiva que comporta; hayan invertido tiempo y energías en reprobar a este Grupo Editorial y empresarial en la persona de su presidente.
Resulta tan ridícula la argumentación, y mucho más la pretensión, como indiciaria sin embargo del tipo de dirigentes que padecemos en demasiados espacios relevantes: importa bien poco la opinión que tengan de nosotros el frustrado intento de Díaz Ferrán doméstico y su seguidista mano derecha –Jesús Martín y Rafael Jiménez para los no iniciados–; cualquier espectador avezado es bien consciente de que mientras la Aedhe de ambos personajes mira para otro lado nuestros dos millones de seguidores conocen nuestros mensajes de apoyo y estímulo a la empresa y de auxilio a los trabajadores damnificados.
Y sin duda saben que somos un ejemplo de proyecto empresarial caracterizado por su compromiso social con el entorno y su constante estímulo a los emprendedores. Tan es así, que los mismos que hoy hacen el ridículo reprobándonos; hace cuatro años nos concedían su principal galardón por nuestros valores.
¿Qué ha cambiado desde entonces? Bien sencillo es: mientras Martín y Jiménez se dedican a despedir a sus propios trabajadores; a proteger al rector en sus andanzas en Crusa; a buscar un sustento personal en nombre de empresarios a los que ni conocen; nosotros nos hemos centrado en reclamar otro modelo de dirección del asociacionismo empresarial, cimentado en la responsabilidad pública, el discurso de progreso, la interlocución activa con las instituciones, la defensa del inversor y, en consecuencia, la lucha contra el desempleo.
Que nos reprueben tales sujetos es, en realidad, un motivo de satisfacción que permite consolidar nuestros mensajes y principios. Como dice el presidente de Prensa Universal, se trata de creer en una patronal al servicio de sus fracasados directivos o, por contra, de apostar por otra al servicio de las empresas, los emprendedores, los trabajadores y los ciudadanos.
Quienes han fracasado en todo lo que han intentado no pueden pretender representar a nadie para ganarse la vida. Ni Alcalá ni los alcalaínos puede permitirse semejantes líderes de pacotilla.
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