Hay quien es de ciudad y se conforma con no salir de las avenidas principales. Pero al que le gusta disfrutar de la naturaleza sabe que una de las mayores características de Alcalá no es que sea una ciudad llana, sino que a muy pocos metros goza de un pulmón verde donde perderse entre senderos y caminos inimaginables.
Cuatro rutas dan la bienvenida al Parque de Los Cerros y la simpleza no es precisamente su mayor característica. La acción erosiva del río Henares ha convertido esta zona en un espacio natural formado por un diverso mosaico de hábitats en el que se dan cita bosques, laderas e incluso cortados de arcilla que se unen a los barrancos para dar forma a la montaña y hacer de este parque un espacio de lo más singular.
Declarado Monte de Utilidad Pública en el año 2000 por la Comunidad de Madrid, Los Cerros ofrecen un paisaje que más de un ciudadano ya ha retratado in situ. Y es que las posibilidades que ofrece este parque, de más de 800 hectáreas, son incontables. Senderos para recorrer en bicicleta, caminos para descubrir antiguos vestigios, itinerarios para caminar, rutas para hacer una maratón, caminos para explorar la particular naturaleza que lo conforma y trayectos que seguir para encontrar algunas de las flores más especiales son los planes que se pueden realizar en este pulmón que constituye un capricho natural sobre la urbe.
Una ruta para un objetivo. Quizá sea lo más llamativo, pero lo cierto es que las rutas que hay marcadas en el parque de Los Cerros son de gran utilidad para el visitante puesto que con ellas podrá alcanzar su objetivo. Así, la de color rojo, bautizada con el nombre de ‘Los Tayares’ es la más corta (2,5 km) pero permite dar un agradable paseo con los más pequeños tanto andando como en bicicleta y conocer las vaguadas y los pinares característicos de esta zona. Asimismo, puede observarse la recuperación del antiguo vertedero de la ciudad sobre el que ahora hay una repoblación de diversas especies vegetales.
A ella le sigue la ‘Ruta de la puerta verde’ que, con 5,2 km de recorrido, no es aconsejable para ciclistas por lo angosto de sus caminos; y tras esta encontramos la ‘Ruta del castillo árabe’, un viaje de 8 km hacia las ruinas de la fortaleza árabe Qal’at’Abd–Salam y hacia los montes más cercanos a la ribera del Henares. Es la del Ecce-Homo, por último, la ruta más extensa al comprender 10,3 kilómetros. Sin embargo, las vistas panorámicas de Madrid, Somosierra o Guadalajara, entre otros, hacen que sea una de las más apetecibles. Asimismo, en su camino a la cumbre, se encuentra la histórica Cueva de los Gigantones o del Champiñón.
Protección máxima. El valor histórico, natural y geomorfológico de este parque le ha dado el mayor grado de protección que puede recibir un espacio forestal en España. Y es que el terreno del que goza, con presencia de yeso en la tierra, le da una vegetación bastante característica en la que los pinares se alzan por encima de los encinares, de los montes e incluso de las laderas. Sobre ellas vuelan cientos de aves características tales como el pico picapinos, el buho chico, diversas especies de currucas o el pito real que hacen del cielo un verdadero entretenimiento. A ellos se unen lagartos ocelados, conejos, zorros e incluso jabalíes que campan por los caminos más alejados de las rutas más visitadas.
Y sobre su suelo arcilloso y salino crecen particulares especies vegetales muy características de la zona tales como el esparto, el albardín y el limonium, por no olvidar un amplio registro de setas y hongos que hacen de estos terrenos unos de los más codiciados por expertos de toda la región.
Laura Arribas. |