Esther, la vecina de Espartales que el pasado día 11 se prendió fuego en la avenida Víctimas del Terrorismo, continuaba este miércoles ingresada en el Hospital de La Paz, con quemaduras en el 80% de su cuerpo. La depresión que padecía, por la que recibía tratamiento, fue aparentemente la única motivación de su acto.
Este miércoles, ocho días después de quemarse a lo bonzo, Esther continuaba ingresada en la Unidad de Quemados del Hospital de La Paz, en la que ingresó en estado muy grave en la tarde del pasado día 11. Padece quemaduras en el 80% de su cuerpo, y sufrió quemaduras “muy importantes”, según informó Emergencias 112. Los sanitarios del Summa lograron estabilizarla en la avenida Víctimas del Terrorismo de Espartales Norte después de una intervención complicada debido a las importantes heridas que sufría. También un helicóptero del Summa se trasladó hasta Espartales Norte por si fuera necesario su traslado urgente por aire hasta el Hospital de La Paz.
Esther, de 37 años y nacionalidad española, llegó en su propio vehículo hasta un tramo de la avenida aún por edificar, casi frente a la calle Benito Pérez Galdós, y por el que casi nadie transitaba esa tarde. Se roció encima un bidón de líquido inflamable y se prendió fuego. Un ciclista que pasaba por el lugar avisó a los servicios de emergencia. Separada desde hacía un año y medio, vive junto a sus dos hijos en un bloque de viviendas de Espartales Sur. Pero ese día, entre medias de dos días festivos, sus hijos no estaban con ella. Desde ese momento permanecen con su padre. Tanto Servicios Sociales como el alcalde de Alcalá, Bartolomé González, se interesaron por su estado tras el intento de suicidio.
Con un empleo estable como profesora, su situación económica no pareció estar en el origen de su acto. Pero sufría, sin embargo, una depresión por la que recibía tratamiento psiquiátrico, que al parecer fue la causa primera de lo ocurrido. Ni tan siquiera sus familiares podían tras su acción entender lo sucedido.
Marina de la Cruz. |