Alcalá de Henares • Actualidad • Política
Piratas (cervantinos) del Caribe
Antonio R. Naranjo - martes 18 de octubre de 2011 a las 14:00 horas
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Análisis. El director del Diario, Antonio R. Naranjo, reflexiona sobre el Mercado Cervantino, en un largo artículo sobre la economía y la cultura de la ciudad.

 

Por Antonio R. Naranjo

 

Es casi conmovedor ver Alcalá invadida de turistas foráneos y esa suerte de extranjeros de sí mismos que son a menudo los alcalaínos, tan necesitados de conocer la tierra que pisan a diario como un japonés o un madrileño.

 

El mercado cervantino, por mucho cartón piedra churrascado que contenga, es una estupenda exhibición del potencial turístico que puede tener la ciudad, y ninguna de las evidentes taras, defectos, errores, excesos o artificios que contiene da para anular el positivo impacto económico, social, cultural y lúdico que contiene: considerarlo nuestros ‘sanfermines', como decimos casi desde el origen en el Diario por su mezcla de populismo, tradición y ocupación del espacio público, no es un exceso retórico, sino un resumen sugerente de lo que cada mes de octubre ocurre desde hace casi una década.

 

No obstante, conviene preguntarse para qué ha de servir en el futuro el Mercado, cómo debe renovarse y qué huella visible ha de dejar en el genoma político complutense para que no sea una brillante luz de gas condenada a agotarse a corto plazo. Y es ahí donde las noticias no son tan buenas.

 

 

 

De entrada, confiar todo a una confusa combinación del medievo con el Siglo de Oro que recuerda a aquella escena de ‘Misión imposible' que juntaba en Sevilla la Semana Santa con Las Ventas y Pamplona, agotará al más pintado cualquier día de éstos: lo sustantivo de aquella mágica época fue el maravilloso impulso creativo, y ese espíritu permite ahora apostar por una modernización de las propuestas sin quedarse en la bisutería del momento.

 

Por decirlo en otras palabras, quedarse atrapados en el bucle compuesto por Sancho Panza y el amigo Cervantes, en una pseudoversión clásica que también valdría para aderezar un mercado del Rey Arturo o recrear una invasión vikinga, conduce indefectiblemente al cansancio y el hastío: Cervantes es algo más que el olor a cuadra, y quien no entienda que en su nombre se puede y debe apostar por lo más moderno, vanguardista y rompedor de cualquier manifestación artística y cultural estará invocando en vano el nombre de nuestro Leonardo da Vinci.

 

Especialmente cuando, en cuestiones quijotescas y cervantinas, no somos ni de largo los primeros de la clase, bien por empeño de Castilla-La Mancha, bien por el de Madrid, bien por el de la mejicana Guanajuato. Lo que nadie hace es entender el legado de Cervantes, actualizarlo buscando quiénes, dónde y cómo se parecen más al genio aunque no lleven polainas ni reciten alejandrinos y, a ojos de muchos, resulten casi incomprensibles por poseer esa cualidad indispensable del arte que es interpretar la realidad con una mirada nueva.

 

Aunque el Ayuntamiento puede y debe anotarse un notable alto con esta vibrante iniciativa, ha de interrogarse ya, sin miedos ni límites, qué quiere lograr de verdad y cómo puede lograrlo. E invertir en la respuesta todo el tiempo, presupuesto y energías que ahora reparte con arreglo a unas costumbres preestablecidas tan obsoletas como perfectamente superables.

 

De combinar la magia de Clásicos, el espíritu creativo del Corral de Comedias, el presupuesto del prescindible Festival de Cine (sí, ya está bien de que aquí tengamos que ser la cantera del presunto cine español con la misma idea desde hace 30 años), la aportación de la desaparecida Universidad de Alcalá (una vez más ausente durante estos días como si nada tuviera que ver con ella) y la exigible ayuda de la Comunidad de Madrid; probablemente salga algo decente que genere economía e incentive el consumo de cultura (ése es el orden) con un civismo en las calles pedagógico para el resto de frentes de la convivencia y el progreso.

 

La otra opción es seguir disfrutando de los chorizos criollos, la lecturilla del Quijote, el vuelo bajo de una rapaz o el pasacalles de turno, encantados de habernos conocido, hasta que los niños exclamen en voz alta que todo eso ya lo han visto en ‘Piratas del Caribe' y tiren del burro a ese Johnny Deep entrado en carnes que camina con un ojeroso caballero lanza… en triste.

 

*El jueves, nuevo artículo del Director en la edición impresa de Diario de Alcalá, que será publicado en la web al martes siguiente. Puede seguirle en Twitter como @AntonioRNaranjo


Comentarios Sociales



Comentarios
Para Rogelio Lumbreras
miércoles 19 de octubre de 2011 a las 09:37 horas
Juassssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssssss, LO HAS CLAVADO MACHO
Juanfran
miércoles 19 de octubre de 2011 a las 07:46 horas
Muy de acuerdo con lo que expresa el señor Naranjo. En esta ciudad demolemos o aplaudimos. Hay un punto medio para ver lo que está bien y mal. Los lectores que prefieren no argumentar nada y se dedican a insultar son peores que la humareda del recinto ferial.
Pepe
martes 18 de octubre de 2011 a las 22:48 horas
JA,JA,JA, muy bueno lo del Lumbreras.Creo que se suscribe por muchos. Y ya estamos con "cargarnos el Festival de Cine", ¿No son de tu cuerda Sr. Naranjo? No, está claro que no, y no se lo han cargado ya porque no han podido o no se han atrevido.
Lumbreras Rogelio
martes 18 de octubre de 2011 a las 19:36 horas
Este último lector.... ¿ha leído siquiera el artículo antes de eructar o está incapacitado para comprender lo que lee sin más?
Rogelio Lumbreras
martes 18 de octubre de 2011 a las 15:54 horas
A falta de confirmación oficial, la creencia de que el Sr. Naranjo se encuentra abonado a los alucinógenos más dopantes es más que evidente. Leyéndole uno, en este otro penoso análisis de la actualidad complutense, produce verdadero sonrojo al más pintao.

Dar crédito alguno y dotar de especificidad al mercado medieval alcalaíno, acontecimiento clónico de tantas y tantas ciudades españolas, manda huevos. Pedir además imaginación y creatividad a un gobierno local después de diez años haciendo lo mismo sin exigir tipo de responsabilidad alguna en ningún sentido, es como pedir el embarazo del olmo para dar a luz peritas, ya le vale Sr. Naranjo.


A ver cuando coño durante la disputa de cualquier evento en nuestra ciudad deja de parecerse al Orinoco y se siembran por doquier micitorios en lugares oportunos para desfacer somáticos entuertos de tanta vejiga atiborrada, nuestro ayuntamiento siempre tan al quite de tanto becerro úrico. Es la hostia, pero cuanto puto inútil como cargo público.

Después de todo esto sólo me resta unirme en el unánime grito de regocijo para matrimonio formado por Sr. Bartolo y al Sr. Naranjo con la Sra. Aguirre de amada y admirada madrina , aquello tan medieval del: “ que se besen, que se besen”. Una vez más penoso.

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