La triunfal estancia de la escritora chilena Isabel Allende en Alcalá se cerró en la noche del lunes con un memorable encuentro con lectores en el Teatro Salón Cervantes. En ese mismo escenario el domingo, aniversario del bautismo de Miguel de Cervantes, la autora de Eva Luna recibió el premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras y se metió al público en el bolsillo con su gratitud y simpatía. Las mismas que repartió desde la lectura del Quijote en el Corral de Comedias por la mañana en sus paseos por el Mercado.
“No se imaginan la alegría tan grande que este premio y esta visita representan para mí”, volvió a repetir Allende, ataviada con un elegante vestido color violeta, en el escenario del teatro abarrotado de público lector para un acto presentado por el periodista alcalaíno Raúl Pacheco, reportero del programa Madrid Directo de Telemadrid. Sobre las tablas del Cervantes, cerca de Allende, se montó un pequeño graderío con los lectores escogidos tras un “casting”; algunos de ellos tan conocidos como la concejala de IU, Pilar Fernández, el librero Javier Álvarez, el director del Archivo General de la Administración, Alfonso Dávila, o el propio alcalde, Bartolomé González.
Estos lectores tuvieron el privilegio de hacerle preguntas a la escritora, aunque ésta tomó antes la palabra para un largo, divertido y “caótico” parlamento cuajado de anécdotas personales, de guiños emotivos y de ejercicios de memoria de una mujer que pasó de ser “la mentirosa de la familia a gran narradora”. Las referencias a la familia, o “a la tribu”, fueron lo más parecido al hilo conductor de su charla. Evocó, así, a su abuela “una espiritista que proveía de material para el realismo mágico”; de su hija Paula, fallecida a los 28 años, “que me acompaña a todos lados”; o de Willy, su marido, al que se unió “por lujuria, aunque mi tipo es Antonio Banderas; pero llevamos veinticinco años juntos; para que luego digan que la lujuria no vale en una relación duradera”.
Pero Allende procuró explicar, ante todo, “por qué y cómo escribo”. Destacó en primer lugar que le mueve “un optimismo realista frente a la vida y el mundo”. Subrayó, a continuación, que escribe especialmente “sobre mujeres fuertes”. Hizo un paréntesis entonces para hablar de su fundación, creada a raíz de la muerte de su hija Paula y destinada a ayudar a niños y mujeres de países pobres y zonas marginales. E incidió en su condición de mujer como parte de una identidad creativa “que no sirve para romances ni thriller” pero sí para un sentimentalismo que bascula “entre el amor y el dolor”. Un rasgo que, lamentó, la convierte en diana de una crítica “devastadora”: “Aunque me gustaría ver qué hubieran dicho esos mismos críticos si El amor en los tiempos del cólera lo hubiese escrito una mujer en vez de García Márquez”.
Del realismo mágico y de los gajes de su oficio le interrogaron en la segunda parte del acto los lectores, no sin antes expresar todos la admiración que sienten por su obra. El alcalde pidió incluso en Twitter el premio Cervantes para ella; un galardón que el lector más joven del grupo ya le ‘concedió’ en su turno de preguntas, al confundirlo, entre los nervios, con el premio de las Artes y las Letras. |