El 9 de octubre, fiesta local por el aniversario del bautismo de Cervantes, ha contado en esta ocasión con amadrinamiento y “acento” chilenos; los de la escritora Isabel Allende, premio Ciudad de Alcalá de las Artes y las Letras 2011. La autora de La casa de los espíritus no se perdió ninguno de los actos institucionales y tradicionales con los que esta jornada festiva suele abrirse en Alcalá. En este ocasión, por el 464 cumpleaños del Manco de Lepanto.
Así, a las 11 de la mañana, aún cansada por el largo viaje que la trajo hasta el Parador de Turismo de Alcalá en la noche del sábado; ya estaba en el Ayuntamiento departiendo con el alcalde, Bartolomé González, y con los concejales de la Corporación Municipal complutense, que participaron en la solemne procesión cívica de la partida de bautismo de Cervantes, el documento histórico más valioso de Alcalá. Flanqueada por maceros y custodiada por el jefe del Archivo Municipal, José María Nogales, la comitiva cubrió los apenas medio centenar de metros que separan la puerta del Ayuntamiento de la Capilla del Oidor, sede del centro de interpretación ‘Los Universos de Cervantes’.
Una vez allí, en la pequeña capilla donde se halla la réplica de la pila donde fue cristianizado el escritor, se procedió a la lectura de la famosa reseña bautismal del folio 192 del libro. Para entonces a la comitiva se había unido ya un buen número de curiosos para admirar la partida, y escuchar las explicaciones de Nogales, o para saludar a Isabel Allende.
Sorteando al público que ya a las 12 horas comenzaba a colapsar la plaza, llena de puestos del Mercado, la escritora y el alcalde, junto al resto de autoridades municipales, se encaminaron al Corral de Comedias para cumplir con el segundo rito del ‘San Cervantes’: la lectura pública del Quijote. Como es costumbre, el premiado con el galardón de las Artes y las Letras fue el encargado de abrir la lectura, que este año arrancaba por el capítulo XV, ‘Donde se cuenta la desgraciada aventura que se topó don Quijote en topar con unos desalmados yangüeses’. Allende pidió disculpas por su “acento chileno” y en particular porque “la ‘z’ me sale muy malita” y leyó con la sonoridad característica del estrecho país sudamericano la malaventura del ingenioso hidalgo con los arrieros.
El alcalde y el concejal de Cultura, Gustavo Severien, siguieron la lectura, y tras ellos concejales y público general. La madrina chilena, no obstante, abandonó la cazuela del Corral para dar un breve paseo por el Mercado del Quijote y conocer la Casa de Cervantes y el Teatro Salón Cervantes, escenario de la entrega de su premio de las Artes y las Letras. Pero el bullicio de “fiesta y las ventas” y los requerimientos de los admiradores que la abordaban a casa paso, la animaron a buscar rápido un poco de reposo. |