Ocho furgonetas de los antidistubios y varias decenas de agentes del Grupo Operativo de Respuesta de la Comisaría de Alcalá se han dado cita esta mañana en los tres portales del Residencial Detinsa de Espartales, ocupado por más de 200 personas, entre niños y adultos, desde hace casi dos años. El desalojo ha transcurrido sin ninguna incidencia grave, ya que los inquilinos ya habían abandonado las viviendas a primera hora de esta mañana.
Varias decenas de vecinos se encontraban desde las nueve de la mañana en el exterior del bloque para entregar las llaves a los agentes del Cuerpo Nacional de Policía y a la comisión judicial. Durante los últimos días los ocupas habían ido abandonando el edificio, buscando un nuevo lugar donde asentarse. Desde el fin de semana el trasiego de furgonetas y camiones había sido constante. Junto a sus pertenencias, algunos de los ocupas habían aprovechado para llevarse también ventanas, puertas, rejas e incluso bañeras. En el local situado en el bajo del edificio han aparecido esta mañana pintadas contra la Policía, los GEO y el alcalde, en las que se podía leer también "danos una vivienda".

Unos treinta antidisturbios han acedido a los tres portales, con mazas cuando ha sido necesario, para comprobar, puerta por puerta, que no quedaba nadie en el interior de las viviendas. El juzgado no había podido notificar el desalojo a todos los ocupantes de los pisos; pero al encontrarse todos abandonados, han podido tapiar los accesos al bloque y a cada uno de los portales.
Según explicaba esta mañana el abogado de Detinsa, el edificio se encuentra a día de hoy "completamente destrozado" y "en un estado de deterioro impresionante". Los responsables de la empresa señalan que el coste de su reforma, incalculable todavía, se va a elevar a varios cientos de miles de euros; y ven inviable poder volver a alquilar o vender las viviendas a corto plazo.
El edificio se encontraba ocupado desde principios de 2010, después de que la empresa rescindiera los contratos de arrendamiento a los antiguos inquilinos del bloque, que pagaban un alquiler social. A partir de ese momento, a medida que los antiguos vecinos se iban marchando, los ocupas fueron accediendo a las viviendas. Los dos antiguos inquilinos que durante estos dos años han permanecido en el edificio también abandonaron sus casas a principios de semana.
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