No llega al metro de estatura, es pelirroja, tiene dos años y medio, se llama Lozoya... y vivió hace más de cuarenta milenios en la Sierra. |
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Concretamente a las afueras de lo que hoy es Pinilla del Valle. Solo cuatro dientes de leche nos han llegado pero ya ofrecen mucha información sobre ella y sobre su especie, los neandertales, primos de los sapiens, que habitaron la península desde hace 230.000 hasta 28.000 años atrás. Y no es más que el principio del alud de conocimientos que estarán al alcance de los técnicos del Museo Arqueológico Regional de Alcalá, una de las instituciones implicadas en la tutela científica del valioso yacimiento de Pinilla, con su director Enrique Baquedano al frente.
Esta semana se han presentado sobre el terreno los restos de esta pequeña, que suponen un espaldarazo más para Pinilla, llamada a acoger el yacimiento visitable del valle de los Neandertales. Porque Lozoya, que ha sido bautizada así por la cercanía del río serrano del mismo nombre, fue una más de la amplia comunidad que pobló esos parajes de abundante caza, si bien no tuvo una vida afortunada.
Todos sus dientes conservan las raíces, lo que significa que no vivió lo suficiente como para que se le cayesen y apareciesen las piezas definitivas. La muerte le llegó justo en el destete, un momento complicado para cualquier mamífero, al perder abruptamente los nutrientes y las defensas de la leche materna. Y su familia debió sentir su muerte, pues sobre sus dientecillos se ha hallado una alfombra de piedras redondas. ¿Para proteger sus restos de las fieras o como un ritual de ultratumba? Las investigaciones lo dirán.
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