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“Todo lo que quiero contar no cabe en un pregón”
Redacción - jueves 4 de agosto de 2011 a las 10:01 horas
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Baldomero Perdigón dará el día 5 el pistoletazo de salida a las fiestas de los Santos Niños.

 

Es un viejo conocido de la ciudad y su nombre acompaña a las   imágenes más ilustres de su historia reciente. Baldomero Perdigón (Alcalá, 1938) ha sido el elegido para dar el pregón de las fiestas que, cada agosto, conmemoran la figura de los patronos complutenses: los santos Justo y Pastor. Una elección que no ha sido dejada al azar.

Tesorero de la Sociedad de Condueños, miembro de la Asociación  de Belenistas, cofrade de la Soledad Coronada, colaborador en diversos medios de comunicación y fotógrafo aficionado, Baldomero conoce muy de cerca la realidad que envuelve a la ciudad. Al objetivo de su cámara no se le escapa nada, pero ahora lo que toca son las palabras.
Baldomero ya está dando las últimas pinceladas al texto de su pregón, aunque reconoce que es una tarea harto difícil.

“Ya hice un año el de las fiestas de Nuestra Señora del Val y, en otra ocasión, el de la Asociación de Belenistas. Pero no es lo mismo. Hacer un pregón de los Santos Niños es muy complicado porque se ha dicho todo ya. Si yo digo que los santos eran muy buenos y que el pretor romano, Daciano, era un desgraciado que los mató es lo que ha dicho todo el mundo”. Por eso, ha dividido su discurso en tres puntos principales, porque reconoce que si contase todo lo que quiere no tendría tiempo.

Así, será el origen de Justo y Pastor, la reversión de sus reliquias a Alcalá en 1568 y las diferentes cofradías locales que se han fundado en torno a su figura las claves que envuelvan su pregón. “Al igual que el de la Virgen del Val, lo haré basado en mis vivencias en torno a los protagonistas. Por ejemplo, hace unos años me enteré de que también reclaman  el origen de los Santos Niños en Tielmes, cuando solo su madre era de allí. Y fue algo que me llamó mucho la atención. Además, después de estudiar la reversión de las reliquias, creo que los alcalaínos se merecen un homenaje por molestarse en traerlas de nuevo a la ciudad”, explica. En cuanto al tema de las hermandades de los Santos Niños, “cuya primera data de 1561”, Baldomero asegura que le encantaría que volviesen a restablecerse en la ciudad complutense, “porque soy creyente y porque son las cofradías las que hacen las actividades populares”.

Y todo ello lo hará el próximo viernes 5 en la céntrica plaza que recuerda a los mártires y que, por segunda vez en este año –tras la fiesta que el obispo Reig Plà organizó el 7 de marzo en torno al aniversario de la reversión de las reliquias–, será testigo del homenaje a los patronos de Alcalá. En esta ocasión, Baldomero no estará sobre la acera escuchando el discurso, sino sobre el estrado habilitado para la ocasión, y para el público que acuda al pregón solo ha impuesto una condición: “Prohibido traer tomates”, bromea.

Lo que es seguro es que su cámara fotográfica le acompañará en todo momento, como lo hace desde que tenía 18 años, y, a pesar de que es consciente de que retratará todos los detalles de estas fiestas, hay un aspecto que le fascinaría captar con su objetivo y que aún ve como una utopía: “Me encantaría que hubiese tanta gente que la procesión de los Santos Niños no pudiese apenas pasar. Que se llenasen las calles y que hubiese un fervor grandísimo”.

Algo que, dice, sí que ocurría en el pasado, “cuando los ciudadanos no tenían más diversión que las fiestas estivales”. De hecho, todavía guarda en su memoria una escena que hace 40 años se repetía anualmente y de la que, lamentablemente, no captó ninguna instantánea. “Frente a la Magistral había un bar que servía limonadas tras la procesión. Era algo muy típico del ambiente popular y esto es, precisamente, lo que más me ha interesado siempre desde el punto de vista fotográfico”. 

Algo que, dice, sí que ocurría en el pasado, “cuando los ciudadanos no tenían más diversión que las fiestas estivales”. De hecho, todavía guarda en su memoria una escena que hace 40 años se repetía anualmente y de la que, lamentablemente, no captó ninguna instantánea. “Frente a la Magistral había un bar que servía limonadas tras la procesión. Era algo muy típico del ambiente popular y esto es, precisamente, lo que más me ha interesado siempre desde el punto de vista fotográfico”. 

Laura Arribas. 


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Foto: Iván Espínola.
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