Siempre con una sonrisa en el rostro y servicial con todos, seguro que la cara de Juan Miguel Prim le resulta familiar. Dicen de él que no parece un sacerdote, pero lo es aunque no sea habitual verle con la sotana. Desde hace más de cinco años es el párroco de la Catedral Magistral y el responsable, –aunque él prefiera decir que se trata de un “trabajo de equipo”–, de que el templo de los Santos Niños se haya convertido en un lugar de visita obligada para todos y un espacio donde la cultura rebosa en forma de música, exposiciones y, en definitiva, de historia. Para que ello continúe y vaya a más, Juan Miguel trabaja a diario. Lo último ha sido abrir al público la torre de la Catedral para ofrecer una nueva visión de Alcalá.
“Por desgracia, quien visita ahora la Magistral no puede disfrutar de toda su historia. Nosotros hemos empezado por la torre pero queremos reabrir el museo, el centro de interpretación y también explicar la historia del templo dentro de éste para que toda persona que venga pueda darse cuenta de que no sólo está viendo una iglesia antigua sino el germen de Alcalá”.
Eso fue lo primero que le atrajo de este templo cuando llegó a la ciudad complutense, el hecho de que “toda su historia está aquí, en la Catedral”. Hay que echar la vista seis años atrás para colocarse en el momento en el que le nombraron párroco de la Magistral. Antes estuvo en Coslada, luego en Roma. La llamada del Señor le llegó con apenas 17 años. Por entonces, Juan Miguel tenía novia en Navarra y estudiaba Bachillerato de Ciencias. “Quería ser arquitecto o biólogo”, asegura. Sin embargo, algo cambió en él. Quizá el padre Francisco, un “santo varón”, tuvo mucho que ver en que este sacerdote se diera cuenta de su vocación. “Dios no te manda un e-mail ni te llama por teléfono pero sí se sirve de muchos medios”, explica.
Con la decisión ya tomada, al comenzar a cursar COU, se pasó a Letras para sorpresa de sus profesores y después estudió la carrera de Filosofía con vistas al sacerdocio. Ya con sus estudios terminados, cuando tenía 23 años, se ordenó. “La vocación nació por un atractivo, no por una obligación. Yo me pensaba casar pero hay un momento en el que te planteas qué es lo que quieres en la vida. Y esto fue lo que elegí. Ponerla al servicio de este tipo de trabajo. Y he recibido el máximo posible a cambio”, asegura.
De eso han pasado muchos años y ahora, las cosas han cambiado y las vocaciones escasean. “Nosotros no estamos mal de vocaciones, dentro de lo que cabe. El año que viene habrá tres ordenaciones sacerdotales. Que necesitaríamos más curas, sí pero no estoy preocupado. Si nosotros fuéramos una empresa, buscaríamos empleados. Trabajarían ocho horas al día, cobrarían tanto y no se les pediría celibato. Entonces tendríamos gente. Pero serían funcionarios, no personas con vocación. La Iglesia no llama a quien quiere, sino que elige entre los que son llamados por Dios. La Iglesia tiene que tener paciencia porque el Señor sigue llamando. Hay que esperar”, dice.
Es consciente de que la Iglesia no pasa por uno de sus mejores momentos y que los prejuicios hacia ella existen. “En el sacerdote es importante la acogida a las personas y la cercanía porque la gente tiene prejuicios. Mucha gente se ríe de la Iglesia pero cada vez más acuden a ella. Lo que se ve a veces sobre su ostentación, por ejemplo, es una caricatura. Si alguien viera las cuentas de la Catedral... se asombraría del presupuesto”, dice.
Cuando queda menos de un mes para la visita del papa Benedicto XVI a Madrid, la comunidad cristiana de Alcalá se está “volcando” en el acontecimiento, dice Juan Miguel. Ya hay más de 60 personas involucradas en el proyecto de manera voluntaria, muchos de ellos, jóvenes. “Es cierto que muchos jóvenes no están en la Iglesia, pero en esta diócesis no es así. Aquí se involucran mucho”, asegura Juan Miguel.
Mientras la comunidad cristiana se moviliza, Prim sigue pensando en la Catedral para conseguir “ponerla en valor”. La idea es “que reúna las tres ces: culto, cultura y caridad. La Magistral tiene vida pero no queremos que sea sólo un monumento ni sólo una parroquia. Que sea una comunidad cristina viva pero que también tenga esa dimensión que le corresponde por historia, cultura y patrimonio”, explica.
Desde que él es el párroco, el templo se ha convertido en el escenario de un consolidado festival internacional de órgano, en lugar habitual de conciertos de música sacra, posee una escolanía, busca una capilla polifónica, y ha dado a Alcalá un mirador con su torre. Se ha creado un Instituto Diocesano de Teología y, entre los proyectos, está una escuela de arte cristiano en la que podrá estudiarse desde arquitectura a música o iconografía. Ahora, además de reabrir el museo del templo, se quiere preparar más la Catedral de cara a ser un punto más en el recorrido turístico. “Al margen de la creencias, debe convertirse en un punto dentro del recorrido de los visitantes para comprender la génesis de la ciudad. Para eso estamos trabajando, para preparar mejor la Magistral para las visitas. Que cuando vengan a ver la iglesia puedan comprender la historia que llevo dentro a través de carteles, vídeos... Todo llegará pronto”, sentencia.
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