La zona del cuerno de África se enfrenta a la peor crisis de los últimos 60 años. UNICEF calcula que más de dos millones de niños sufren desnutrición –entre ellos, 500.000 están en inminente riesgo de muerte– aunque la crisis afecta ya a más de diez millones de personas. Se han establecido puentes aéreos de emergencia y se trabaja en terreno con las partes para atender las incontables necesidades, y toda ayuda es poca.
– Antes de hablar del problema me gustaría, por una vez, empezar por el final: ¿Cómo se puede ayudar?
–Con aportaciones económicas que nos permitan comprar más alimentos, pastillas potabilizadoras y leche. En la propia página de Internet Unicef.es se pueden hacer los pagos o informarse en el 902 31 41 31. Tenemos abierta una cuenta en La Caixa de Vía Complutense: 2100 22 02 63 020015 94 33.
–Vuelven las hambrunas de los ochenta, como si no hubiese manera de evitar que la tragedia se repita.
–Es la mayor desde los noventa, y recordemos que el término hambruna se aplica cuando mueren más de dos personas por cada 10.000 habitantes en una zona. Allí se ha triplicado, hay hasta seis muertos por cada 10.000. Hay más de diez millones en peligro de morir. En Somalia la situación es especialmente complicada porque hay un conflicto bélico.
–La zona es un avispero.
–Se intenta trabajar en la zona como se puede, es peligroso el interior pero también hay piratas. Pero nuestros camiones entran pese a todo, aunque hay zonas en las que no hemos podido entrar hasta hace unos días, aunque con acuerdos muy precarios.
–¿Qué elemento ha sido el detonante de esta catástrofe?
–La sequía. Es un problema que genera otros, se malogran las cosechas, faltan alimentos, suben los precios de la comida hasta un 200%...
– ¿Estamos a tiempo de pararlo?
–Con la pequeña aportación de la gente se puede llegar a muchos. Con 50 euros se puede dar suplemento nutricional para alimentar a 2.500 niños. Con 80 euros se puede llegar a 8.800 familias para que tengan pastillas potabilizadoras para un mes. ¡Cada euro suma! El 19 de julio ya se mandaron 100.000 euros desde España. Desplazamos los suministros con compañías de transporte que lo hacen con todas las garantías.
–Pero no vale cualquier tipo de alimento.
–En Kenia, por ejemplo, hay 385.000 niños lactantes desnutridos. Pero no vale cualquier tipo de alimento. Se utiliza una pasta especial, porque los niños tienen el aparato digestivo muy afectado. Lleva leche en polvo, cacahuete... y la cantidad depende del peso del niño.
–¿Teme que la solidaridad no responda igual en un momento de crisis?
–La respuesta sigue siendo positiva. El otro día vino un joven a nuestra sede con el dinero que tenía ahorrado. Nos dejó casi 900 euros y no se quiso identificar.
–Parece más urgente que nunca ayudar.
–Es un momento clave, es de justicia ayudar. Con todo lo que está pasando, con cosas como lo de Noruega... Tenemos que ayudar al que lo necesita o si no la idea de Occidente se nos viene abajo. Nosotros no hemos hecho nada para nacer en el Primer Mundo.
–Y no hace tanto estábamos al otro lado...
–España lleva 50 años con Unicef en el papel de aportar ayuda. Antes recibíamos. Cuando hablo con gente joven les pido que pregunten a sus padres o a sus abuelos si recuerdan el suplemento de leche o el quesito que les daban en el colegio. Eso era una aportación a través de Unicef. Y muchos preguntan y sus abuelos lo recuerdan muy bien.
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