Los cuatro últimos atropellos de peatones con resultado de muerte que se han registrado en Alcalá desde el verano de 2009 se produjeron en pasos de peatones señalizados. Casi todos se produjeron en calles o avenidas amplias donde los conductores suelen superar los límites de velocidad y donde no existen sobre la calzada ‘lomos de burra’ para reducir la velocidad de los vehículos que se aproximan a la ‘zona franca’ para los que se mueven a pie por la ciudad.
20 de junio de 2009: Antonia Jiménez, una mujer de 59 años que se ganaba la vida como limpiadora en los cines Cuadernillos, cruzaba por un paso de peatones situado a la altura del número 35 de la Avenida Complutense, en su cruce con las calles Ángel y Tinte, cuando fue arrollada por un Opel Astra de color negro. Antes del impacto, el conductor se había saltado hasta dos semáforos en rojo. Circulaba con exceso de velocidad, y aceleró aun más después para darse a la fuga, en lugar de parar para socorrerla. Antonia sufrió sendos traumatismos craneoencefálico y torácico severos, que al final acabaron con su vida. Todavía dos años después, el presunto homicida no ha sido encontrado para rendir cuentas ante la Justicia.
4 de diciembre de 2010: Said E.M., un marroquí de 29 años murió atropellado en un paso de cebra de la avenida de Meco, junto al Patronato San José y la entrada a la colonia militar. El conductor que se lo llevó por delante, J. R. L. un vecino de una localidad cercana a Alcalá de 37 años, se dio a la fuga, pero se entregó en comisaría el 29 de diciembre de 2010. Dos días antes la Policía había identificado su vehículo, un Porsche gris de finales de los años 80. La pista que condujo hasta él fueron varias piezas que quedaron en el lugar de los hechos, entre ellas, un retrovisor. El conductor alegó que no paró a auxiliar a Said al creer que lo que había golpeado era una señal de tráfico.
28 de febrero de 2011: A las 10.35 horas, Ricardo Díaz, propietario del bar Nino de la localidad de Anchuelo, cruzaba por el paso de peatones ubicado a la altura del número 4 de la calle Colegios, frente a los Juzgados. Entonces fue arrollado por un Peugeot 207 de color blanco que circulaba desde Aguadores a la Plaza de Cervantes. El conductor, D. Y., de 35 años, dio negativo en la prueba de alcoholemia. Alegó que no vio a la víctima por culpa de un estornudo.
La última muerte de un peatón a causa de un coche en Alcalá tuvo lugar el pasado 1 de julio. Poco después de las 11.00 horas, Nicolae, un joven rumano de 31 años cruzaba por el paso de peatones situado a la mitad de la calle Marqués de Alonso Martínez. Le atropelló mortalmente un compatriota de 25 años que, según testigos presenciales, circulaba a más de 100 kilómetros por hora. Se dio a la fuga tras impactar brutalmente con el fallecido. Un conductor que presenció el atropello siguió al autor hasta la calle Almería, donde el homicida paró el vehículo, para indicarle a la Policía Local donde se encontraba. El resultado de la prueba de alcoholemia no dejó lugar a dudas. Había bebido. Todavía ayer había flores en el lugar del accidente. La familia de Nicolae va cada día a encender velas por el fallecido.

Si algo tienen en común estos cuatro accidentes, además de sus resultados letales, es que se produjeron en calles o avenidas amplias donde no es poco usual que los conductores vayan a más velocidad de la permitida. Algunas de ellas, además, pecan de escasez de visibilidad, tanto para los peatones como para los conductores. Tal es el caso de la calle Colegios, cuyos cipreses constituyen un claro elemento de inseguridad para el tráfico. Pese a ello, en la calle Colegios no hay badenes ni resaltos. Y tampoco los hay en la Avenida Complutense. Ni en la zona del lugar donde murió Antonia Jiménez, ni a la altura del Parque O’Donnell, donde los frenazos están a la orden del día, porque los coches que van y vienen de la Avenida de Madrid parecen seguir pensando que esta gran avenida es una continuación natural de la M-300.
Según informaron a Diario de Alcalá fuentes de la Concejalía de Seguridad y Obras del Ayuntamiento de Alcalá, la instalación de estas barreras artificiales que ayudarían a proteger las zonas francas para los que se mueven a pie por las calles, depende de un estudio de técnicos municipales, que “son los que estiman si hay necesidad, y si las características de la vía, por su situación y el tráfico que sufren, permiten su instalación en la vía pública”.
En la lista negra de las calles complutenses que no son tan seguras como sería deseables para los peatones, también hay, sin embargo, vías que sí incorporan badenes, a veces inútiles frente al exceso de velocidad de los conductores: Gustavo Adolfo Bécquer y Miguel de Unamuno son claros ejemplos de ello.
Claro que, en ocasiones, los responsables de las situaciones de peligro también pueden ser los propios transeúntes, que no cruzan por las zonas destinadas para ello. Esta práctica es muy habitual en algunas de las zonas de la avenida de Juan de Austria, sobre todo, a la altura del mercado. Es muy frecuente ver a personas, niños, adultos e, incluso, mayores, que no tienen la paciencia de llegar ante el paso de cebra: cruzan por otras zonas de la vía.
Se da la circunstancia de que, precisamente, el 37,4% de las causas de los accidentes con peatones muertos en España se deben a que éstos cruzan fuera de los pasos regulados, según revela el último estudio de EuroTest , una entidad que, en colaboración con el REal Automóvil Club de Cataluña (RACC) analiza cada año la salud de la seguridad vial para los peatones.
Del último informe se desprende un dato preocupante para España. Durante 2009 murieron 470 peatones en nuestro país, que se encuentra en la franja media de los países europeos en cuanto a la tasa de riesgo (peatones muertos por millón de habitantes) con 11,1 muertos por los 15,5 de la media europea.
El estudio también revela que la probabilidad de que un peatón muera en España atropellado por un vehículo a motor es el doble que en Holanda o Suecia, dos países que son referentes en materia de seguridad vial en Europa.
RECLAMACIONES. Tres son los “puntos débiles” que según el informe Eurotest tienen los pasos de peatones españoles: “la visibilidad diurna, la iluminación nocturna y el mantenimiento”. Y el estudio recoge una serie de recomendaciones para las administraciones públicas:
-Líneas de parada: Su instalación facilita que los vehículos se detengan antes acercarse a los pasos y aumenta la visibilidad de los peatones. Su distancia ideal es entre 6 y 15 metros. -Intersecciones: En los cruces hay que evitar las soluciones de diseño que limiten la visibilidad de los peatones y de los vehículos que van a girar, retirando los obstáculos de los ángulos de las calles. -Islas refugio: Son muy útiles en los pasos de peatones largos. Permiten que aquellos usuarios que no tengan tiempo de cruzarlos entero puedan resguardarse de forma segura. u Iluminación: Un paso de peatones debe disponer de una adecuada iluminación y, a poder ser, específica, para que el peatón pueda ser visto con antelación. -Señales: En los pasos de peatones éstas deberían ser altamente reflectantes. Ya existen soluciones para incrementar la visibilidad: marcaciones de carretera adicionales, luces destellantes, semáforos montados sobre postes por encima de la vía, etcétera. -Mantenimiento: Los pasos de peatones se han de mantener sistemáticamente en buenas condiciones. En particular, las superficies de carreteras deben ofrecer las condiciones óptimas de agarre (superficies rugosas antes que materiales como piedra) para facilitar la necesidad de un frenazo repentino.
Fernando Escudero. |