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Del grano a la ceniza
Redacción - viernes 8 de julio de 2011 a las 13:34 horas
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El último incendio acelera el deterioro del histórico molino del Zulema.

 

De los cuatro molinos que flanquearon el río, el del puente del Zulema es el más antiguo, remontándose sus orígenes a la Edad Media. Esta solera, sin embargo, no le ha salvado de correr la misma suerte que sus hermanos fluviales: el olvido, el abandono y la acción de los vándalos le han condenado a la destrucción y la ruina. Uno de ellos, el de la Esgaravita, construido a mediados del siglo XVI, fue reducido a escombros hace tres años. Y el del puente del Zulema, en la isla de los García, lleva el mismo camino, sobre todo después de los graves daños sufridos en el incendio del pasado martes por la tarde.


Alojo de mendigos y de vándalos, el viejo molino ha sido el foco de otros fuegos en veranos pasados. El de esta semana, sin embargo, ha dañado gravemente lo que quedaba de su esqueleto de madera, utilizado por  sus huéspedes ocasionales para alimentar fogatas. Es prácticamente lo único, junto a los muros y a algunas piezas de la antigua maquinaria, que va quedando en pie de una construcción que se erigió a finales del siglo XIV y que ha sufrido toda clase de cambios y vicisitudes desde entonces.

LAS CRECIDAS DEL HENARES.  El río fue su mayor enemigo durante décadas, pues las crecidas invernales le provocaban daños constantes en sus estructuras. Ese fue el motivo por el que la cofradía de Santa María la Rica, uno de sus primeros propietarios, lo cediera en el siglo XV y los distintos dueños que lo explotaron en los siglos siguientes llevaran a cabo toda suerte de reformas y ampliaciones. 


La transformación más importante en su planta se produjo a finales del siglo XIX cuando pasó a convertirse en fábrica de harinas. Unos años más tarde, ya en el siglo XX, la construcción empezó a compaginar la molienda de grano con la producción de electricidad aprovechando la fuerza de las aguas del Henares. Para entonces disponía de una laguna artificial próxima a su fachada, que se habilitó para asegurar el abastecimiento en las temporadas de sequía.


Hace medio siglo aproximadamente el molino dejó de tener uso, al no poder competir con las modernas factorías de fabricación de harina. Desde entonces, el edificio no ha hecho más que deteriorarse, a pesar de conservar la maquinaria, las compuestas, el caz o una sólida planta en forma de L. Nadie, particular o institución pública, se ha ocupado de su protección, pese al indudable valor histórico y arqueológico que le adjudican a este patrimonio los investigadores locales. Y no parece que vaya a cambiar la tónica, de modo que el incendio del martes puede ser su puntilla.

 

P.P.H.


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Aspecto del interior del molino tras el incendio del martes. Foto: Sandra Santiago.
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