“Estoy muy afectado, pero voy a recurrirla, llegaré hasta el Supremo si hace falta”, anunció. González niega la mayor y sostiene que todas “esas barbaridades” de las que le acusaron sus dos ex empleadas son “absolutamente falsas” y que se debieron en exclusiva a “un desacuerdo económico” por unos complementos salariales.
El farmacéutico, que asegura que desde 2004 ha vivido “más de 2.500 días de tortura mental”, dijo que nunca envió escritos de contenido sentimental y erótico a las dos trabajadoras que lo denunciaron. A pesar de que, como señala la abogada de ellas, Isabel Matas, “admitió la autoría de la quincena de escritos de este tipo que se presentaron ante el juez como prueba material. Él se las dejaba en su lugar de trabajo, les pedía que la leyeran delante de él y después les ordenaba destruirlas”.
“CARTA DE AGRADECIMIENTO”. La versión del condenado es otra muy distinta: “Yo sólo les envié un par de cartas y sólo para agradecerles su colaboración. Sobre todo, por el esfuerzo que realizaron durante unas semanas que estuve ausente de la farmacia, pues me fui a Bruselas a realizar un trabajo de investigación”, aseguró González Navarro, que dijo que “en los 47 años que llevo con la farmacia por aquí han pasado más de 40 personas y nunca he tenido un problema de este tipo”.
Siete años después, el farmacéutico sigue negando que existieran besuqueos o tocamientos a su adjunta y a la auxiliar administrativa. Y sobre el ofrecimiento de una siesta con una de ellas aclara que: “Nunca hice tal ofrecimiento. Además, cuando nos fuimos a la Biblioteca Nacional, le dije que llamara a su madre para que no se preocupara. Sólo la invité a comer y después volvió a Alcalá”.
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