Se vió obligado a dejar de lado su pasión por la música para labrarse un futuro como mecánico de aviación puesto que, según su padre, “los músicos se morían de hambre”. No obstante, Mariano Peralta (Zaragoza, 1942), supo desde que nació que lo suyo era ser director de orquesta, y su primera batuta la cogió con solo 20 años. Después de llevar el mando en decenas de agrupaciones musicales, en la actualidad dirige una orquesta muy peculiar formada por cerca de una treintena de jubilados que, como él, tienen entre 65 y 80 años.
–¿Cree que están en peligro de extinción las orquestas?
–Es una pena porque, desde luego, esto es una terapia sobre todo para las personas mayores. Constituye una terapia imprescindible porque, generalmente, la persona mayor no es muy aficionada a la lectura, cosa que sería lo ideal. Entonces, el estar entretenida con la música, la mente hace que por lo menos no pienses cosas raras y el tiempo se te hace mucho mejor. Y, sobre todo, si se trata de la música que interpretamos nosotros: pasodobles, boleros, canciones de tuna...
–¿Usted ha sido muy rebelde de joven?
–Dicen que la música amansa a las fieras. Con lo cual, yo que he sido músico toda mi vida, se puede decir que sí, que prácticamente me amansó.
–¿A cuantas mujeres ha conquistado con la música?
–A muchas, pero solo una fue la afortunada.
–Una cancion para enamorar...
–Cualquier bolero. Por ejemplo, Muñequita linda o El reloj. La música concretamente de Antonio Machín es mi preferida.
–¿Qué tiene que suceder para que abandone su batuta?
–Yo creo que no hay nada que me haga ahora mismo tirar la batuta. La música forma parte de mi vida así que lo veo imposible.
–El mejor cantante que ha dado la música española...
–Uno que a mí me ha gustado muchísimo es Manolo Escobar.
–¿Qué le falta a la música actual?
–Yo diría lo que le sobra, que es menos ‘cham pum cham pum’, esos sonidos que atronan los oídos. Cuando voy por la calle veo a los muchachos jóvenes en los coches reventándose los tímpanos y no oyes otra cosa que ruido. Eso ni es música ni es nada. Para mí, desde luego, como la música de los años 60,70 y 80 no hay otra, y esa es la que interpretamos nosotros. Desde luego esa es la que en nuestros tiempos mozos nos hizo tan felices y ahora que nos estábamos escapando de la vía decidimos volver a por ella.
–Entonces, ¿la música de ahora no es capaz de hacer a las personas tan felices como lo hicieron la de aquellas décadas?
–No porque a mí la música que más me gusta es la romántica, la música de zarzuela, el pasodoble…
–Y después de interpretar tantos temas de estos estilos músicales, ¿se atrevería con uno de rock?
–También, lo que pasa es que ese estilo de música no me gusta mucho. Pero si alguien me lo pidiera, por supuesto que sí.
–Se dice que la música es poesía, ¿qué tiene usted de poeta?
–Yo creo que tengo bastante porque cuando escucho lo que están interpretando mis músicos les digo que la música es poesía; es como si abrieras un libro y estuvieras leyéndolo. Un cantante, o un músico, si no transmite es muy difícil que llegue al público.
–Dicen que quien canta su mal espanta, ¿qué es lo que ahuyenta usted cuando dirige la orquesta?
–Pues me acuerdo de todos los que me han hecho algún daño y con eso se difumina todo. Me meto dentro de la música y cuando yo estoy dirigiendo no tengo enemigos.
–¿Se les ha olvidado algún compás en el escenario?
–Sí, eso sí suele pasar, pero es que los directos son así. Algunas veces mis músicos se enfadan, pero les digo que siempre, hasta al más grande profesional, se le queda algo en el tintero.
–¿Recuerda cuál fue su mejor momento como director?
–Cuando una señora nos dijo: “Viva la madre que os parió".
Se vió obligado a dejar de lado su pasión por la música para labrarse un futuro como mecánico de aviación puesto que, según su padre, “los músicos se morían de hambre”. No obstante, Mariano Peralta (Zaragoza, 1942), supo desde que nació que lo suyo era ser director de orquesta, y su primera batuta la cogió con solo 20 años. Después de llevar el mando en decenas de bandas, en la actualidad dirige la Agrupación Musical Cervantes, una orquesta muy peculiar formada por cerca de una treintena de jubilados que, como él, tienen entre 65 y 80 años. ¿Cree que están en peligro de extinción las orquestas?
Es una pena porque, desde luego, esto es una terapia sobre todo para las personas mayores. Constituye una terapia imprescindible porque, generalmente, la persona mayor no es muy aficionada a la lectura, cosa que sería lo ideal. Entonces, el estar entretenida con la música, la mente hace que por lo menos no pienses cosas raras y el tiempo se te hace mucho mejor. Y, sobre todo, si se trata de la música que interpretamos nosotros: pasodobles, boleros, canciones de tuna...
¿Usted ha sido muy rebelde de joven?
Dicen que la música amansa a las fieras. Con lo cual, yo que he sido músico toda mi vida, se puede decir que sí, que prácticamente me amansó.
¿A cuantas mujeres ha conquistado con la música?
A muchas, pero solo una fue la afortunada.
Una cancion para enamorar...
Cualquier bolero. Por ejemplo, Muñequita linda o El reloj. La música concretamente de Antonio Machín es mi preferida.
¿Qué tiene que suceder para que abandone su batuta?
Yo creo que no hay nada que me haga ahora mismo tirar la batuta. La música forma parte de mi vida así que lo veo imposible.
El mejor cantante que ha dado la música española...
Uno que a mí me ha gustado muchísimo es Manolo Escobar.
¿Qué le falta a la música actual?
Yo diría lo que le sobra, que es menos ‘cham pum cham pum’, esos sonidos que atronan los oídos. Cuando voy por la calle veo a los muchachos jóvenes en los coches reventándose los tímpanos y no oyes otra cosa que ruido. Eso ni es música ni es nada. Para mí, desde luego, como la música de los años 60,70 y 80 no hay otra, y esa es la que interpretamos nosotros. Desde luego esa es la que en nuestros tiempos mozos nos hizo tan felices y ahora que nos estábamos escapando de la vía decidimos volver a por ella.
Entonces, ¿la música de ahora no es capaz de hacer a las personas tan felices como lo hicieron la de aquellas décadas?
No porque a mí la música que más me gusta es la romántica, la música de zarzuela, el pasodoble…
Y después de interpretar tantos temas de estos estilos músicales, ¿se atrevería con uno de rock?
También, lo que pasa es que ese estilo de música no me gusta mucho. Pero si alguien me lo pidiera, por supuesto que sí.
Se dice que la música es poesía, ¿qué tiene usted de poeta?
Yo creo que tengo bastante porque cuando escucho lo que están interpretando mis músicos les digo que la música es poesía; es como si abrieras un libro y estuvieras leyéndolo. Un cantante, o un músico, si no transmite es muy difícil que llegue al público.
Dicen que quien canta su mal espanta, ¿qué es lo que ahuyenta usted cuando dirige la orquesta?
Pues me acuerdo de todos los que me han hecho algún daño y con eso se difumina todo. Me meto dentro de la música y cuando yo estoy dirigiendo no tengo enemigos.
¿Se les ha olvidado algún compás en el escenario?
Sí, eso sí suele pasar, pero es que los directos son así. Algunas veces mis músicos se enfadan, pero les digo que siempre, hasta al más grande profesional, se le queda algo en el tintero.
¿Recuerda cuál fue su mejor momento como director?
Cuando una señora nos dijo: “Viva la madre que os parió".
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