La trayectoria musical de Mozart o de cualquier otro compositor de música clásica, a priori, puede aburrir a cualquier mortal ajeno a este arte. Sin embargo, incluso un ama de casa puede sentirse atraída por la vida de estos personajes si son las anécdotas las que cobran protagonismo en las clases. Soltar el “típico rollo académico” es algo que, según Josué Llull (Granada, 1971) habría que erradicar de la educación tanto para jóvenes como para adultos. Sin embargo, son estos últimos los que demuestran más inquietudes a la hora de aprender. “Quizá por la lucha de supervivencia que han llevado a lo largo de su vida y el bagaje cultural que arrastran”, explica el coordinador de la Universidad Abierta Cardenal Cisneros.
Creada hace seis años con el objetivo de servir como un foro de intercambio y educación, sus alumnos van desde los 45 hasta los 70 años y, sin duda, son estudiantes de lo más ejemplares. “Hay mecánicos jubilados, antiguos profesores o amas de casa que utilizan el centro como punto de encuentro y que tienen mucho interés por estudiar lo que, en muchos casos, no pudieron hacer cuando eran jóvenes”, explica.
Un interés que choca con la actual indiferencia de muchos jóvenes por los estudios. La generación ni-ni –la que popularmente señala a aquellos que ni estudian ni trabajan– es el mejor ejemplo. “Hay falta de inquietudes, falta de saber y también falta de recursos o apuestas atractivas para que los chavales se enganchen a la educación”, aclara Llull. Profesor también de Magisterio en el mismo centro para los estudiantes de primero y segundo de carrera, indica que parte del problema de la juventud viene de la cultura “material” en la que se han criado. “El otro día vi una viñeta en un periódico que me llamó mucho la atención. Venía un joven ni-ni y, justo al lado, su padre tirado en el sofa con un enunciado que rezaba: ‘ni-ni: ni se entera ni le importa’. Creo que se trata de una cuestión social. Los jóvenes de ahora lo tienen todo al alcance de la mano mientras que los mayores han tenido que poner todo su esfuerzo para conseguir las cosas, de ahí su tendencia a querer tener más conocimientos. Ellos hacen preguntas y profundizan en cuestiones que los más jóvenes no me hacen en clase”, aclara.
Sin embargo, Llull señala que pasará mucho tiempo antes de que desaparezca este “pasotismo” por parte de los más jóvenes. “En el momento en el que vean que nadie regala nada y lo difícil que es conseguir las cosas esta generación desaparecerá. Necesitan ver que hay cosas que son necesarias para interpretar el mundo, para conocer la realidad en la que viven y poder hacerle frente. El problema es que tarden mucho en darse cuenta. Están acostumbrados a ver a gente en televisión que, sin estudios ni capacidades, hacen una fortuna diciendo que tienen una aventura con alguien. Es un modelo que están cogiendo de referencia y que les hace pensar que no hace falta esforzarse para trabajar o estudiar si cualquiera puede hacer esto. Creo que hay que ir cambiando esos chips porque esto son solo casos puntuales que se magnifican con los medios de comunicación y que, en ningún caso, tienen que ver con la realidad. Es una pena, pero viendo como evoluciona la sociedad creo que esta generación durará por lo menos cinco o diez años más, ya que en este país los cambios sociales son muy largos. Será entonces cuando estos chavales que han abandonado los estudios se den cuenta de la falta de oportunidades por no haber terminado lo que un día empezaron”.
Mientras tanto, son sus padres o abuelos los que aprovechan para volver a las aulas a continuar ampliando su cultura. Tan solo el movimiento del 15M, destaca Llull, podrá crear una oportunidad de cambio para que este sector reaccione y se geste una juventud más comprometida y con ganas de hacer cosas, aunque de momento sea un poco “desconcertante” lo que está ocurriendo y lo que pueda ocurrir. Lo que sí es un problema, lamenta, es que haya tanta gente que no dedique su vida a nada productivo y que la generación ni-ni esté tan asentada.
La trayectoria musical de Mozart o de cualquier otro compositor de música clásica, a priori, puede aburrir a cualquier mortal ajeno a este arte. Sin embargo, incluso un ama de casa puede sentirse atraída por la vida de estos personajes si son las anécdotas las que cobran protagonismo en las clases. Soltar el “típico rollo académico” es algo que, según Josué Llull (Granada, 1971) habría que erradicar de la educación tanto para jóvenes como para adultos. Sin embargo, son estos últimos los que demuestran más inquietudes a la hora de aprender. “Quizá por la lucha de supervivencia que han llevado a lo largo de su vida y el bagaje cultural que arrastran”, explica el coordinador de la Universidad Abierta Cardenal Cisneros. Creada hace seis años con el objetivo de servir como un foro de intercambio y educación, sus alumnos van desde los 45 hasta los 70 años y, sin duda, son estudiantes de lo más ejemplares. “Hay mecánicos jubilados, antiguos profesores o amas de casa que utilizan el centro como punto de encuentro y que tienen mucho interés por estudiar lo que, en muchos casos, no pudieron hacer cuando eran jóvenes”, explica. Un interés que choca con la actual indiferencia de muchos jóvenes por los estudios. La generación ni-ni –la que popularmente señala a aquellos que ni estudian ni trabajan– es el mejor ejemplo. “Hay falta de inquietudes, falta de saber y también falta de recursos o apuestas atractivas para que los chavales se enganchen a la educación”, aclara Llull. Profesor también de Magisterio en el mismo centro para los estudiantes de primero y segundo de carrera, indica que parte del problema de la juventud viene de la cultura “material” en la que se han criado. “El otro día vi una viñeta en un periódico que me llamó mucho la atención. Venía un joven ni-ni y, justo al lado, su padre tirado en el sofa con un enunciado que rezaba: ‘ni-ni: ni se entera ni le importa’. Creo que se trata de una cuestión social. Los jóvenes de ahora lo tienen todo al alcance de la mano mientras que los mayores han tenido que poner todo su esfuerzo para conseguir las cosas, de ahí su tendencia a querer tener más conocimientos. Ellos hacen preguntas y profundizan en cuestiones que los más jóvenes no me hacen en clase”, aclara. Sin embargo, Llull señala que pasará mucho tiempo antes de que desaparezca este “pasotismo” por parte de los más jóvenes. “En el momento en el que vean que nadie regala nada y lo difícil que es conseguir las cosas esta generación desaparecerá. Necesitan ver que hay cosas que son necesarias para interpretar el mundo, para conocer la realidad en la que viven y poder hacerle frente. El problema es que tarden mucho en darse cuenta. Están acostumbrados a ver a gente en televisión que, sin estudios ni capacidades, hacen una fortuna diciendo que tienen una aventura con alguien. Es un modelo que están cogiendo de referencia y que les hace pensar que no hace falta esforzarse para trabajar o estudiar si cualquiera puede hacer esto. Creo que hay que ir cambiando esos chips porque esto son solo casos puntuales que se magnifican con los medios de comunicación y que, en ningún caso, tienen que ver con la realidad. Es una pena, pero viendo como evoluciona la sociedad creo que esta generación durará por lo menos cinco o diez años más, ya que en este país los cambios sociales son muy largos. Será entonces cuando estos chavales que han abandonado los estudios se den cuenta de la falta de oportunidades por no haber terminado lo que un día empezaron”. Mientras tanto, son sus padres o abuelos los que aprovechan para volver a las aulas a continuar ampliando su cultura. Tan solo el movimiento del 15M, destaca Llull, podrá crear una oportunidad de cambio para que este sector reaccione y se geste una juventud más comprometida y con ganas de hacer cosas, aunque de momento sea un poco “desconcertante” lo que está ocurriendo y lo que pueda ocurrir. Lo que sí es un problema, lamenta, es que haya tanta gente que no dedique su vida a nada productivo y que la generación ni-ni esté tan asentada.
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