Nació en la calle Goya de Madrid, el oficio le llevó a conocer el París de 1968 y a dar la vuelta al mundo por las capitales de la moda y en Alcalá ha ubicado su último reto: Le Cupe Peluqueros, el salón de peluquería que abrirá mañana en la calle Azucena, junto a la plaza de Cuatro Caños. Jerónimo Gerardo Sánchez es Gerard cuando se pone el traje de faena. Dice que, más que peluquero, es un artesano. Y en unos meses tiene previsto enseñar todo lo que aprendió de los maestros de la peluquería, “que es mucho”, en la academia que también abrirá en Alcalá, enfocada tanto a los que quieren aprender el oficio como a los que quieren mejorar su técnica.
El oficio, más que en la sangre, lo llevaba en los genes. “Mi madre era peluquera. Iba a peinar a las señoras a sus casas. Creo que por esa época ya tenía que estar yo dentro de ella”. Dice que la peluquería le daba, por encima de todo, “mucha satisfacción”. Por eso, con dieciocho años, hizo la maleta para aprender de uno de los grandes, Alexandre de París. El mismo príncipe del peinado que trató con Audrey Hepburn, Jacqueline Kennedy o Maria Callas. “Yo era un chaval, barría y le pasaba las tijeras. Pero mientras barría, me quedaba con todo lo que hacía”. Quería aprender en París, “porque era la capital del mundo de la moda en aquella época”. Y allí le pilló el romántico mayo de 1968. “Me cogió allí toda la movida, pero no me interesaba la política, ni antes ni ahora. Por esa época me interesaban la peluquería y las chavalas. Y trabajando ahí, estaba siempre rodeado de mujeres”.
Regresó a Madrid para estudiar en la academia Henry Colomer y en el Instituto Parisien, “con Manuel Molina, uno de los mejores peluqueros del mundo”. Por aquella época, más que peluquero, ya se consideraba un artesano del peinado. “Todos los peluqueros somos artesanos, porque trabajamos con las manos, la cabeza y el sentimiento. Con la peluquería se pueden expresar muchas cosas. Aunque más que tus sentimientos tengas que reflejar lo que quiere tu cliente”. Por eso más adelante montó la Agrupación Nacional de Peluqueros Artesanos de España.
En 1975 montó su primer salón de peluquería. Y llegó a contar con una decena, en algunas de las calles más ilustres de Madrid. “Salvo por el nivel económico, peinar en el barrio de Salamanca es igual que en cualquier otro sitio. La gente se deja aconsejar en todas partes”. Fue socio de salones en el paseo de la Habana, el Hotel Velázquez o La Moraleja. Y mientras tanto, seguía viajando a las capitales de la moda para realizar exhibiciones o participar en desfiles. “Me he recorrido medio mundo. Pero lo que más veía eran las cabinas de los aviones. Cuando no estaba en Nueva York estaba en París. Me pasaba viajando la mitad de las semanas”.
La familia le trajo hasta Alcalá hace ya cerca de diez años, y aquí, en la calle Azucena, ha decidido volver a hacer lo que mejor sabe: volver a las tijeras. “Siempre he tenido en mente volver a la peluquería. He estado varios años en standby, pero he vuelto con muchas ganas de trabajar”. Ayer terminaba de preparar su local, que inaugurará el viernes.
En su logo y en su decoración estarán presentes París, Nueva York y Tokyo. Como recuerdo de todas las experiencias que lleva a la espalda. “No sé si será mejor o peor que el resto. Lo que quiero ofrecer a mis clientas es sobre todo educación, y escucharlas”. Dice que “para hacer un buen trabajo en peluquería hace falta paciencia y tiempo”. Y que en España el nivel “ha avanzado muchísimo en los últimos años”. No ha abierto aún su negocio, pero ya tiene otro proyecto que le causa tanta o más ilusión que el salón: montar una academia de peluquería en la que sus alumnos puedan aprender el oficio o perfeccionarse. Será a partir del mes de septiembre. “Vendrán a enseñar compañeros míos que llevan al menos 50 años de peluquería a sus espaldas. Todo lo que sé, que es mucho, lo voy a enseñar en la academia. No me gustaría guardármelo para mí”.
Por M. de la Cruz. |