Alcalá de Henares • Actualidad • Cultura
El azañista Semprún
Redacción - lunes 13 de junio de 2011 a las 10:20 horas
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El escritor y político reivindicó el legado de Manuel Azaña en el histórico congreso de 1990 en Montauban.

 

“Sería muy provechoso para los políticos españoles leer cada día determinadas páginas de Azaña”. Con esa recomendación se descolgó en más de una ocasión el escritor y político Jorge Semprún, fallecido el pasado martes en París, un ferviente admirador de la obra y de la trayectoria del también escritor y político alcalaíno, que llegó a presidente de la Segunda República y que murió exiliado en la población francesa de Montauban. Precisamente en esa localidad, el 4 de noviembre de 1990, Semprún dejó una hermosa apología a la memoria de Manuel Azaña, en el discurso de clausura del histórico congreso internacional organizado con motivo del cincuenta aniversario de la muerte del intelectual complutense.

 

A aquel encuentro asistieron varios alcalaínos, como parte de una delegación municipal encabezada por el alcalde, Florencio Campos, pues el Ayuntamiento se implicó a fondo en los actos conmemorativos en aquel aniversario redondo de la desaparición de Azaña, publicando libros y organizando exposiciones, entre otras actividades. Jorge Semprún, ministro de Cultura en aquel momento, fue el encargado de cerrar el simposio, con un parlamento en el que subrayó, ante todo, la vigencia del legado de Azaña en la democracia española restaurada. “De alguna manera, hoy se hace ‘azañismo’ sin saberlo. España está viviendo la recuperación histórica del proyecto político de Manuel Azaña: el Estado de Derecho, la modernización de la democracia, el Estado de las Autonomías y el sufragio universal  son parte esencial de este programa político que Azaña no pudo desarrollar en su tiempo y que estamos recuperando en la España contemporánea”.

 

Lamentó Semprún, eso sí, que no se hubieran rescatado otros pilares de ideario azañista; en particular “la necesidad de austeridad en la política española y que la clase política atienda a los principios de la ética”. El entonces ministro destacó que, aquella demanda de Azaña tan urgente en su época, lo seguía siendo en la España de 1990: “En un momento en que la preocupación obsesiva por el dinero y los intereses materiales se han adueñado no sólo de la sociedad española, sino también de su clase política, es necesario recordar ese punto esencial del pensamiento político de Azaña”. De ahí que recomendara vivamente la relectura de las reflexiones políticas y éticas del de la calle de la Imagen, como guía para la “convivencia democrática”.

EN UN LIBRO. Las palabras de Semprún, como las de todos los ponentes en aquel congreso azañista, quedaron recogidas unos años más tarde, en 1993, en un libro editado en francés por la Casa de Velázquez de Madrid bajo el título Azaña et son temps. El discurso abría el volumen, de medio millar de páginas, y el capítulo inmediatamente posterior, titulado Le jeune Azaña (1880-1910), dedicado a la juventud del estadista, es obra del escritor, editor y diseñador alcalaíno Vicente Alberto Serrano, que abrió aquellas jornadas en Montauban.


Ante la tumba de Azaña, en la ceremonia de recuerdo que aquel 4 de noviembre se celebró en el cementerio de Montauban, Jorge Semprún también se refirió a la posibilidad de que los restos del complutense fueran exhumados para que descansaran en España. El autor de El largo viaje no se mostró partidario: “La muerte de Azaña en el exilio francés tiene una extraordinaria significación histórica para España, como la de Machado. La primera aportación española a la construcción de una Europa democrática es la participación de exiliados españoles en la resistencia europea. Azaña y Machado pertenecen también a esta presencia española en un momento esencial de la historia”.


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