Tenía apenas 23 años cuando se hizo con las riendas del Nívola, un pub ubicado en el campus exterior de la UAH y que se encuentra rodeado por la residencia universitaria. Ahora, 15 años después, Iván Catá echa la vista atrás y no puede evitar esconder una sonrisa al recordar todos los momentos que ha vivido en él. “Fue una apuesta muy difícil, pero los primeros años fueron muy divertidos. El pub lo abrió mi padre tan solo un año después de que se creara la residencia, y poco después empecé a llevarlo yo, cuando tan solo era un simple estudiante de Derecho. En los comienzos venían muchos jóvenes americanos, alemanes o suecos que estudiaban en la UAH. Había mucha pluralidad y el ambiente era inmejorable”, explica.
Hay pocos universitarios que no se hayan dejado caer por este enclave y en Alcalá, como asegura Iván, “no hay nadie que no lo conozca”. “Durante muchos años hemos sido un lugar de referencia, sobre todo los miércoles. Había días que estaba a reventar”. Y el producto estrella, como no podía ser otro: el calimocho. “Creo que tenemos el récord del mundo en vender litros de calimocho. Y aunque la cerveza también se ha consumido mucho, hemos tenido ocasiones en las que hemos vendido 1.200 litros de calimocho en un solo día”, destaca.
Estudiantes, militares y cientos de alcalaínos se han dado cita en el Nívola durante 15 años. Un lugar de encuentro y, como no, “de ligue”. Y es que las fiestas que se celebraban cada semana han dejado miles de anécdotas entre sus paredes. Su propietario, al que ahora le acompañan como socios Arturo Díaz y Carlos Montes, no acierta a contar cuantas parejas se han formado en este pub universitario, pero sí sabe los camareros que han pasado por su barra: un total de 140. “Siempre hemos contratado a estudiantes, no ha profesionales. Por aquí han pasado generaciones de médicos, abogados o ingenieros que buscaban compaginar el trabajo con la Universidad”.
Ahora, sin embargo, el negocio está más flojo que nunca. Si bien la época de esplendor fue en los años intermedios, Iván señala que la crisis económica actual ha hecho mella en este bar. Pero no ha sido el único motivo de su debilitación. “Las malas gerencias en la residencia Crusa han hecho que el ambiente que había desaparezca. Los residentes están desquiciados y ya nada anima a estudiar aquí”. Además, asegura que el perfil de residente ha cambiado mucho desde sus inicios. “Ahora vienen becarios Cervantes y algún español despistado”, lamenta.
No obstante, no quedan muy lejos los días en los que la terraza de verano parecía el mismo “Benidorm”. “La gente estaba tirada en el cesped y no cabía ni un alfiler. Los mejores días eran los miércoles, jueves y viernes, y hacíamos fiestas de todo tipo”, relata.
Aunque haber mantenido a flote el negocio durante 15 años, reconoce, es algo reseñable. “Aguantar tanto tiempo en el mundo de las copas no es nada fácil”, aclara. Y para ello ha inventado cientos de estratagemas a lo largo de estos años. “Hubo una época en la que probamos a abrir por la mañana, y los viernes se llenaba de estudiantes”, recuerda. Ahora, sin embargo, continúa con su horario diario de 18.30 a 1.00 h y de 18.30 a 3.00 h durante los fines de semana. Todavía conserva intactos el billar y los futbolines y el espíritu del aquel pub que tantos jóvenes ha visto pasar.
Tenía apenas 23 años cuando se hizo con las riendas del Nívola, un pub ubicado en el campus exterior de la UAH y que se encuentra rodeado por la residencia universitaria. Ahora, 15 años después, Iván Catá echa la vista atrás y no puede evitar esconder una sonrisa al recordar todos los momentos que ha vivido en él. “Fue una apuesta muy difícil, pero los primeros años fueron muy divertidos. El pub lo abrió mi padre tan solo un año después de que se creara la residencia, y poco después empecé a llevarlo yo, cuando tan solo era un simple estudiante de Derecho. En los comienzos venían muchos jóvenes americanos, alemanes o suecos que estudiaban en la UAH. Había mucha pluralidad y el ambiente era inmejorable”, explica.
Hay pocos universitarios que no se hayan dejado caer por este enclave y en Alcalá, como asegura Iván, “no hay nadie que no lo conozca”. “Durante muchos años hemos sido un lugar de referencia, sobre todo los miércoles. Había días que estaba a reventar”. Y el producto estrella, como no podía ser otro: el calimocho. “Creo que tenemos el récord del mundo en vender litros de calimocho. Y aunque la cerveza también se ha consumido mucho, hemos tenido ocasiones en las que hemos vendido 1.200 litros de calimocho en un solo día”, destaca.
Estudiantes, militares y cientos de alcalaínos se han dado cita en el Nívola durante 15 años. Un lugar de encuentro y, como no, “de ligue”. Y es que las fiestas que se celebraban cada semana han dejado miles de anécdotas entre sus paredes. Su propietario, al que ahora le acompañan como socios Arturo Díaz y Carlos Montes, no acierta a contar cuantas parejas se han formado en este pub universitario, pero sí sabe los camareros que han pasado por su barra: un total de 140. “Siempre hemos contratado a estudiantes, no ha profesionales. Por aquí han pasado generaciones de médicos, abogados o ingenieros que buscaban compaginar el trabajo con la Universidad”.
Ahora, sin embargo, el negocio está más flojo que nunca. Si bien la época de esplendor fue en los años intermedios, Iván señala que la crisis económica actual ha hecho mella en este bar. Pero no ha sido el único motivo de su debilitación. “Las malas gerencias en la residencia Crusa han hecho que el ambiente que había desaparezca. Los residentes están desquiciados y ya nada anima a estudiar aquí”. Además, asegura que el perfil de residente ha cambiado mucho desde sus inicios. “Ahora vienen becarios Cervantes y algún español despistado”, lamenta.
No obstante, no quedan muy lejos los días en los que la terraza de verano parecía el mismo “Benidorm”. “La gente estaba tirada en el cesped y no cabía ni un alfiler. Los mejores días eran los miércoles, jueves y viernes, y hacíamos fiestas de todo tipo”, relata.
Aunque haber mantenido a flote el negocio durante 15 años, reconoce, es algo reseñable. “Aguantar tanto tiempo en el mundo de las copas no es nada fácil”, aclara. Y para ello ha inventado cientos de estratagemas a lo largo de estos años. “Hubo una época en la que probamos a abrir por la mañana, y los viernes se llenaba de estudiantes”, recuerda. Ahora, sin embargo, continúa con su horario diario de 18.30 a 1.00 h y de 18.30 a 3.00 h durante los fines de semana. Todavía conserva intactos el billar y el futbolín y el espíritu del aquel pub que tantos jóvenes ha visto pasar.
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