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Una canción protesta contra el desempleo
Redacción - lunes 16 de mayo de 2011 a las 10:03 horas
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Un joven rumano canta a diario en la plaza de los Santos Niños para poder subsistir.

 

Aterrizó en Alcalá hace tres semanas y, ante la dificultad para encontrar empleo, Udila Dragoç, de 23 años, decidió practicar lo que había aprendido meses antes en la escuela de canto para ganarse la vida. Y lo hizo en pleno Centro. Parece que no le ha ido del todo mal, y es por ello que este joven rumano acude a diario a la plaza de los Santos Niños a dar pequeños conciertos entre un público, sobre todo femenino, que ha sabido “captar” su esencia entre sonidos con un toque reggae.

 

Le cuesta confirmar su nacionalidad, y es que según él, aquí tan solo es un inmigrante al que nadie sabe valorar por ser de Rumanía. No obstante, ha decidido utilizar su pasión para poder subsistir mientras encuentra un empleo mejor. “He venido a esta ciudad porque conocía a un amigo y estaba buscando una oportunidad para hacer dinero. En mi país es muy difícil encontrar un buen trabajo y quiero cumplir mi sueño de ser cantante”, explica sentado en un banco de la plaza de los Santos Niños. Con la guitarra en las manos y la funda en el suelo, desde la cual asoman unas cuantas monedas, Dragoç entona una melodía de soul.

 

“La música es como un medicamento para mí”, dice escondido tras unas oscuras gafas de sol que utiliza como escudo para ocultar su rostro. “Con ellas me siento más protegido”, indica. Tan solo cuatro trenzas en el pelo, a modo de rastas, descubren parte de su personalidad. “Da igual de donde seas o de donde vengas. Yo intento vivir libre”, aclara.

 

Y para ello expone su arte a diario en el Centro de la ciudad. A veces solo y a veces junto a un amigo de origen francés que le acompaña con el cajón. “Me gusta la música espiritual, instrumental, la que tiene un mensaje positivo”. Y así lo demuestra entonando canciones en las que se mezcla el rap, el reggae y el funk con un estilo tan vivo que los viandantes no pueden evitar girarse para ver de donde proviene el sonido. “Hay niños que vienen y bailan. Eso me hace sentir muy bien. También vienen chicas y me dicen cosas...”, dice sonrojado. Por ahora, asegura, la cosa no se le ha dado mal del todo.
“Seguiré cantando hasta que consiga un empleo. Cuando tenga dinero suficiente entonces lo emplearé para comprar los instrumentos necesarios y hacer así un grupo de música”, destaca.


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Udila Dragoç quiere hacer dinero para ser cantante. Foto: Iván Espínola