“Cuando estaba ahí debajo y ya no podía respirar pensaba que ese era mi último día”, recuerda Eloísa Isabel Martínez, la vecina que el pasado sábado quedó atrapada bajo la copa de un árbol de más de quince metros que se cayó en la calle Gardenia. Sufre magulladuras y contusiones por todo el cuerpo, y tiene aún unas cuantas pruebas médicas por delante; pero los médicos se preguntan todavía cómo es posible que pueda contarlo. Salvó la vida gracias a Ricardo y Jesús, los dos hombres que vieron que Isabel quedaba atrapada debajo de las ramas y que no dudaron en salir corriendo para liberarla.
“Yo iba caminando por la calle tan tranquila. Cómo iba a pensar que ese monstruo se me iba a venir encima”. Esa mañana había llovido con fuerza durante horas. Pero ya había pasado la tormenta cuando Isabel, vecina de la calle José Sopeña, salió de casa para ir a trabajar. No le dio tiempo a reaccionar. Cuando pasaba junto al jardín comunitario ubicado junto al número 7 de la calle Gardenia, un pino de la altura de una séptima planta le cayó encima y la dejó sepultada bajo sus ramas. Una de grandes dimensiones la golpeó en la parte posterior de la cabeza y la empujó contra el suelo.
No podía moverse, ni casi respirar, ni prácticamente hablar. “Intentaba moverme, pero era imposible. Por suerte una rama me enganchó el pelo y tiraba de mí hacia arriba, pero ya casi me ahogaba, no podía respirar. Estoy viva gracias a estos dos chicos, que vieron que el árbol me caía encima y echaron a correr para ayudarme”. Jesús escarbó entre las ramas del árbol para encontrarla. Y Ricardo tiró con todas sus fuerzas para levantar la rama que la tenía atrapada, mientras su compañero la sacaba de allí. “No sé cómo levanté dos palmos una rama de más de cien kilos, fue por la adrenalina”. Por suerte, el seto que rodea el jardín y los dos coches que quedaron bajo el árbol amortiguaron un poco su caída.
Cuando la rescataron tenía la cara ensangrentada y le dolían la cabeza y el pecho, donde había recibido dos fuertes contusiones. El personal del Summa la atendió en el lugar, y la trasladó al Príncipe de Asturias. “Cuando llegué al Príncipe de Asturias no podía ni hablar, estaba conmocionada. Cuando les expliqué lo que me había pasado me dijeron que a partir de ahora tenía que celebrar este día, porque había vuelto a nacer. Los médicos dicen que no sabe cómo es posible que no tenga ningún hueso roto”. Jesús y Ricardo tuvieron que ser asistidos de un traumatismo en una mano y una tendinitis en un hombro. También fue derivado al Príncipe de Asturias un bombero que resultó herido en un ojo mientras liberaban los dos vehículos que habían quedado sepultados por las ramas.
“Estoy magullada por todos lados y estoy chafada emocionalmente. Tengo que tomar relajantes para dormir. Me cuesta una barbaridad pasar al lado del jardín. No sé cómo estoy viva”. Isabel ha pasado los últimos días entre médicos y recuperándose en su casa de la calle José Sopeña. Tiene moratones en todo el cuerpo, le duelen la cabeza, la espalda y el abdomen y sufre una úlcera en un ojo.
Le quedan por delante un TAC cerebral, una resonancia abdominal y otras visitas más a especialistas que terminen de confirmar que se encuentra en perfecto estado. “Sé que voy a estar recuperándome una temporada. Cuando me sacaron de allí me dolía muchísimo la cabeza, pero ahora me duele todo el cuerpo”, dice Isabel.
|