El agujero era tan estrecho que tuvo que quitarse la ropa para poder acceder por él al interior de la tienda. Pero el aviso de una vecina, que oyó los golpes, y la rápida actuación de la Policía permitieron detener a los dos jóvenes que pretendían desvalijar la joyería Bella de la calle Talamanca. Lograron llevarse varias decenas de piezas que el dueño de la tienda tenía en su taller. Y ya han recuperado la mayoría.
“Cuando entramos el taller estaba lleno de escombros y todo revuelto. Tiraron todas las cajas con piezas que tenía en las estanterías. Cuando entró la Policía saltó la alarma, pero no sé cómo se las arreglaron para que no se activara antes. Hemos tenido mucha suerte. Podía haber sido mucho peor”, dice Manolo Vizcaíno, propietario de la joyería, que todavía no ha podido cuantificar las joyas que no ha recuperado. El día anterior al robo encontraron forzada una rejilla exterior, que comunicaba un patio de vecinos con el establecimiento. Y pusieron sobre aviso a los agentes del Cuerpo Nacional de Policía, que rápidamente rodearon la tienda y los edificios contiguos cuando la vecina llamó al 091 a las cuatro y media de la madrugada del pasado jueves.
El joven que se introdujo en su taller y desactivó la alarma daba los golpes, cree Manolo, en la puerta blindada que separa su taller del resto del establecimiento. Pero no tuvo tiempo de mucho más. Cuando los agentes llegaron a la calle Talamanca, les vieron correr por el tejado de un edificio bajo contiguo. En la casa colindante, que se encuentra abandonada, los agentes hallaron escondidos a los dos butroneros, de 21 años y nacionalidad rumana.
Habían logrado sustraer del taller de la joyería varias cajas de pequeñas dimensiones con
piezas plata, que la Policía recuperó, y material de oro para las reparaciones. Y varios sobres con otras pendientes de arreglar de algunos clientes. “Los dos habían estado antes en la tienda, preguntando por algunas joyas. Habían estado inspeccionando el sitio antes”, explica el joyero, que aún hace inventario de lo poco que pudieron llevarse de su tienda.
Marina de la Cruz. |