Mientras los alcalaínos escuchan la canción que honra con más acierto la ciudad de Cervantes, un gigante engalanado de tuno es presentado en sociedad. La tuna complutense entona versos conocidos por casi todos, y uno de los músicos encuentra un resquicio para aparcar su acordeón e imitar los movimientos del gigante. Tras 25 años vestido de negro, cubierto con capa y ataviado con beca morada, el tuno no conoce la palabra vergüenza. Este año, el Alpargato celebra sus bodas de plata en la tuna cisneriana, y no es el único de su casa que forma parte de la formación. El Patucos, con siete primaveras a su espalda, es el hijo de El Alpargato, quien se erige como una institución en la tuna complutense. Julián Jiménez, apodado como El Alpargato por su cuna alcalaína, circunstancia poco común en la tuna, es el padre de Diego Jiménez, un tuno que aún no ha viajado por España y Latinoamérica, “pero todo llegará", afirma su padre.
- Hace ya 25 años que ingresó en la tuna, ¿recuerda por qué dio el paso? – Yo estudiaba Ciencias Biológicas en la UAH, y siempre he tocado el acordeón. Lo hacía mi abuelo, lo hacía mi padre, lo hago yo, y espero que algún día lo haga mi hijo. Un día, a comienzos de curso, el pasaclases de la tuna pasó por mi aula en busca de nuevos tunos. El profesor se pronunció ensalzando la experiencia de entrar en la tuna, y me decidí a dar el paso. Un mes después, ya estaba tocando en un certamen de Sevilla, es verdad que como pardillo, pero hoy día soy uno de los más antiguos, es decir, un clásico.
- ¿Existen más padres con sus hijos en la tuna? – Sí hay más casos, sin embargo, no es algo demasiado común. Los hijos pueden terminar ingresando en la cuna, pero el mío tenía beca desde que nació.
- ¿Los tunos son mujeriegos? – El tuno intenta aunar musicalidad, picardía, alegría y simpatía. Con todo ello, toca conquistar. Después, el resultado puede ser cualquiera. Es muy habitual que cuando una mujer te ve de tuno piense que eres un mujeriego, y no tiene porqué ser así pero te ayuda a entablar conversaciones. Los tunos fomentamos la galantería, la caballerosidad, el saber estar y la música… Y, simplemente, rondar y agradar con nuestras canciones.
- ¿Qué relevancia tiene la tuna en su vida? – La importancia es enrome, ya que me ha permitido conocer la Universidad de Alcalá por dentro, tratar con muchísimos universitarios, conocer todo tipo de gente, viajar por todo el mundo… A mí me ha dado la oportunidad de ver un modo de vida distinto y encontrar una forma de divertirme. Me ha marcado mucho, e incluso he llegado a tocar para dos Premios Nobel de Literatura como Camilo José Cela y Mario Vargas Llosa. La tuna de Alcalá fue un talismán para ambos (Risas).
- ¿Los tunos vigilan cuántas cintas o escudos tienen sus compañeros? – Lo de los escudos es algo reciente, sin embargo, si es una costumbre que empieza a coger fuerza e importancia. La tradición más arraigada son las cintas, que son bordadas y regaladas por las mujeres que conquista y enamora el tuno. Hay que tener en cuenta que muchas de las cintas que se ven son casi de pegote, ya que, en vez de regalarlas las enamoradas, son cedidas por la hermana, la madre o la abuela…
- ¿La tuna de Alcalá se sitúa entre las más importantes del mundo? – Sin ninguna duda. Tras la fusión de los laborales de la ULA y los campusianos del campus en 1985, se dio una etapa muy fructífera en cuanto a viajes, premios y méritos cosechados por todo el mundo. El nombre de la tuna de Alcalá tiene mucho prestigio, y es una de las más viajeras y conocidas que existen. La mejor época se vivió durante las década de los ochenta y los noventa, y, tras una pequeña mala racha, la tuna vuelve a vivir un momento dulce. Este año han ingresado diez nuevos tunos cargados de motivación.
- ¿El tuno deja de serlo cuándo abandona el escenario? – Las tunas no son agrupaciones de escenario, sino de calle. Cuando el tuno se pone el traje, no se lo quita en todo el día. Una orquesta finaliza sus piezas y desconecta, sin embargo, el tuno no para de cantar en las calles y en los mesones… Así es nuestro estilo.
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