A pesar de que, a la llegada a San Diego, las miradas se centraron en la Reina, nadie pudo evitar fijarse en el desmejorado aspecto del del Rey. “Por lo menos aquí no ha tropezado", decía una mujer, tras su vacilante revista al destacamento militar que le rindió honores. Pero eran pocos los que se atrevían a hablar directamente del tema. Políticamente correcto, el público quitaba hierro al asunto, aludiendo incluso a la apretada agenda de Su Majestad. “Tiene muchos actos, imagínate cómo debe estar de cansado", defendían algunos, que incluso aseguraban haberle visto “muy bien". Aunque, por si acaso, clamaban al cielo con una petición: “Que nos dure mucho el Rey".
También se comentó discretamente en la Cisneriana el rápido envejecimiento del rey, en comparación con el estado que presentaba hace un año en la entrega del premio a José Emilio Pacheco. Su poblada barba y la torpeza en sus pasos, bien cubiertos en todo momento por miembros de la seguridad, dieron que hablar en los corrillos, aunque en general se valoró lo más positivo: pese a ser una cita larga e incómoda, el monarca no falto a la cita y aguantó con prestancia. Incluso leyó su discurso con más brío de lo habitual.
Más lejos, ¿menos voces?. En un más difícil todavía, dado que el espacio no da más de sí, el público fue arrinconado más que nunca en la plaza de San Diego. La zona del Bedel y la entrada a los Cuarteles fueron los únicos rincones acotados por vallas en los que se pudieron reunir los vecinos para contemplar la llegada de los reyes y del resto de autoridades. Según el comentario general, este alejamiento obedece al interés de que no se escuchen los abucheos e improperios a Zapatero. El mismo sistema, no obstante, se sigue dentro de la Cisneriana. Los periodistas fueron recluidos en la sala de prensa instalada en la sala de Conferencias Internacionales y los gráficos ni siquiera pudieron acceder este año al Paraninfo.
Andamios y telones. Al ‘telón de fondo’ de los andamios en la fachada de los Cuarteles, se añadieron este año también los que cubren buena parte del patio de Santo Tomas de Villanueva, algunas de cuyas galerías muestran sus ‘esqueletos’ de ladrillo, como parte de las obras de rehabilitación de la manzana cisneriana. De su marcha se ocupó de poner al corriente el rector a los reyes en el recorrido desde San Diego el Paraninfo.
“Gasolina” para el cuerpo. Ana María Matute llegó muy temprano a la Cisneriana y se refugió en la cafetería para tomar un tentempié que remató con un gin-tonic. Con él en la mano le sorprendieron algunos periodistas y blandiéndolo ante ellos se justificó: “El motor, sin gasolina, no funciona”.
Empujando la silla. La Reina ayudó a acomodar a Matute para la tradicional foto de familia. Incluso empujó su silla de ruedas con habilidad para situarla en el centro, mientras su hijo Pablo permanecía al quite. |