Redacción - miércoles 27 de abril de 2011 a las 15:51 horas
Doña Sofía y la presidenta madrileña fueron las más vitoreadas por un público que les dedicó palabras de cariño.
En primera fila y sin perder detalle de lo que ocurría a su alrededor muchos eran los curiosos que esperaban la llegada de los invitados al acto. Dentro de la Cisneriana la protagonista era, sin duda, Ana María Matute, pero en el exterior toda la atención se concentraba en la reina Sofía y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Dos mujeres a las que el público colmó de piropos y aplausos restando así protagonismo a figuras como la de Zapatero, que no se libró de algún que otro abucheo, o Sinde.
Eran poco más de las 11 de la mañana y la Plaza de San Diego ya reunía a varios centenares de personas. Quedaba menos de una hora para que diese comienzo el acto y los más precavidos habían acudido temprano a coger sitio. Un sitio que este año estaba más alejado del desfile de personalidades que de costumbre. “Este año han puesto más vallas y estamos más lejos”, denunciaba Milagros, que desde hace una década acude fiel a la cita con Sus Majestades. Sin embargo, no había más remedio que aceptar la nueva situación.
Bajo un sofocante sol, el público ocupaba su espera discutiendo sobre los problemas de España. “Estamos arreglando el país”, bromeaban algunos mientras hablaban sobre la tasa de paro. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, era el tema central de sus conversaciones. No obstante, fue otra política la que desvió su atención. A las 11.30 horas Esperanza Aguirre era la primera en llegar a la plaza. Recibida por el alcalde de Alcalá, Bartolomé González, y entre aplausos de los espectadores, la presidenta de la Comunidad de Madrid no dudó en acercarse a las vallas para hablar con el público. Preguntada por su operación y por la campaña electoral, Aguirre dejó paso a un líder del Ejecutivo que llegaba 25 minutos después.
“Viene el presi y la Sole”, decía una de las alcalaínas. Sin embargo, los ojos continuaban puestos en Aguirre. “¡Espe, guapa!” gritaban algunas mujeres, que solo desviaron su atención cuando, a las 12 en punto, hacía su aparición el coche oficial de la Casa Real. “Ya están aquí”, avisaban. Segundos después los reyes se aproximaban al centro de la plaza para compadecer bajo el himno de España.
Comenzaba entonces el desfile de autoridades, a los que seguía una discreta representación de Cultura encabezada por Ángeles González-Sinde, en su cargo de ministra, e Ignacio González, como consejero de la CAM. Sin embargo, las miradas estaban puestas en Doña Sofía. “¡Viva la reina de España”!, exclamaban desde detrás de las vallas, reclamando su atención. No obstante, tan solo pudieron conseguir un saludo desde lejos ya que su majestad no se acercó al público, desechando así las ilusiones de muchos por hacerse una foto con ella.
Pero no por esto cambiaron su opinión. “La reina es mucho más cercana que su marido. Como ella no hay otra”, decían. Y de esta manera esperaron a la salida para poder verla de nuevo.
El reloj marcaba las 13.40 horas cuando las puertas de la Cisneriana volvían a ser testigo de la comitiva real. Entonces era la tuna quien les despedía bajo el himno de Alcalá que, seguido de Los Clavelitos, vio como los invitados al Premio Cervantes se alejaban camino a sus coches. Y de la misma manera que había sucedido a la entrada, tan solo el alcalde de Alcalá y la presidenta de la Comunidad de Madrid se acercaron a las vallas para saludar al público.