Alcalá de Henares • Actualidad • Cultura
Un día de cuento para la Cervantes soñadora
Redacción - miércoles 27 de abril de 2011 a las 13:10 horas
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Ana María Matute cautivó con un discurso tierno y autobiográfico. “El que no inventa, no vive”, defendió la escritora.

 

Desde que allá por noviembre le dieron la esperada noticia de que había sido premiada con el Cervantes, Ana María Matute (Barcelona, 1925) temía el momento en que debía leer su discurso en el Paraninfo. Cualquiera que la escuchara ayer, sin embargo, pensaría que había exagerado adrede. Muy pocas veces, en la ya larga historia del premio, se ha escuchado un parlamento más sencillo, más auténtico y más conmovedor sobre el goce indescriptible que representa el oficio de inventar escribiendo. Y nunca con la cadencia y con las palabras que solo una dama de cuento, como la autora de Olvidado rey Gudú, podría emplear hasta detener el tiempo en una mañana mágica.

 

La magia del día comenzó por la propia llegada de la galardonada. Arrinconados por un año los estirados fracs, Ana María Matute llegó muy temprano y sin apenas ser vista a la Cisneriana con un elegante traje pantalón gris perla, camisa blanco roto y una flor (¿quizá un arzadú?) en la solapa. Acompañada en todo momento por su hijo Juan Pablo, que empujaba su silla de ruedas, tomó un ‘reconstituyente’ en la cafetería de la Cisneriana.“He venido pronto, no vaya a ser que le den el premio a otro”, bromeó con los pocos periodistas que, preguntándose aún por dónde había entrado, se toparon con ella en el patio de Filósofos. También la prensa aguardaba desde hacía muchos años un día como el de ayer; y la prueba estuvo en que se acreditaron más informadores que nunca.
Candidata eterna al premio, con más de sesenta años de carrera literaria a sus espaldas, a las que se ha consagrado con “voluntad y amor”, y referente para varias hornadas de narradores; Matute no quería que se le escapara ningún detalle de su gran día. “Lo disfrutaré cuando acabe todo, porque todas las cosas buenas que me han pasado las guardo en mi cabeza, como una película, y las recuerdo luego”, explicó poco antes de apostarse en la puerta del Paraninfo para recibir a los Reyes. Dentro aguardaban profesores, académicos, concejales, algunos familiares y amigos íntimos, y menos escritores de lo que se esperaba y de lo que merecía la galardonada. Pero sentada en su silla de ruedas, frente a una mesita tapizada de rojo, Matute acaparó el protagonismo absoluto cuando, después de recoger su medalla acreditativa del premio de manos del rey, que la besó cariñosamente, comenzó a leer con dulce voz de hada el cuento de su vida.

“Érase una vez...”. Sin academicismos ni adornos eruditos, pero sin concesiones a la ñoñería, Matute arrancó recordando al poeta chileno Gonzalo Rojas, el Cervantes 2003 fallecido el pasado lunes, “y a todos los escritores que ya nos dejaron”; para pasar a narrar como se inició su “sueño” de ser escritora cuando oyó “por vez primera la mágica frase: ‘Érase una vez...”. Parafraseando al San Juan bíblico, la única cita en un discurso que suele estar festoneado por palabras de otros autores (por no citar, Matute ni siquiera citó a Cervantes, salvo alguna vaga alusión a “Dulcineas y Dulcineos”), que dijo que “el que no ama está muerto”; la autora de Primera Memoria defendió que “el que no inventa no ama”. Y con ese convencimiento, que a lo largo de la vida ha sido “faro salvador” de “abundantes tempestades” y “muchas de mis tormentas”, se remontó al principio del principio, a un tiempo de “mujeres recortadas” en los que se abrazó a la pasión por inventar, de la que ha sido testigo desde entonces hasta hoy, su muñeco Gorogó.  “¿Te acuerdas de aquel día en que llegaste, que hoy me devuelves con toda la añoranza y encanto-desencanto que compone una vida tan larga...? ¿Y recuerdas la timidez, el asombro y la audacia de mis casi veinte años, cuando por primera vez me asomé al mundo editorial?", le preguntó con delicadeza, y anudando de emoción muchas gargantas de los que la escuchaban, como forma de introducir el divertido relato de las aventuras de sus primeros libros Pequeño teatro y Los Abel.


Fue entonces cuando supo que los bombardeos de la guerra civil que le borraron la tartamudez y las colas para comprar pan y patatas que la convirtieron en una niña asombrada, no serían los únicos tormentos de su vida, porque en la literatura también se entra “con dolor y lágrimas”. Aun así, se reafirmó en su vocación de ser una “fabricante de inventos y de sueños” y en defender el cuento como el mejor pasaporte para vivir y hacer vivir la fantasía, sin censuras ni mutilaciones, como denunció que aún se sigue haciendo, “imaginando tal vez que ser niño significa ser idiota”.


La “sabiduría” para fundir el realismo más duro con el lirismo y la fabulación más desbordantes  fueron señalados precisamente por el rey y la ministra de Cultura en sus discursos. Así, el monarca subrayó el “deslumbrante universo imaginativo" y el inconfundible “sello cervantino” de Matute; mientras la ministra Sinde destacó que “la levedad, la ligereza deseadas como contrapeso a la privación sufrida en el día a día, hacen del narrar el primer recurso para abandonar la barbarie”, como primera enseñanza de la premiada.

 

Ésta acabó con los ojos humedecidos en lágrimas cuando el auditorio cerró con un largo aplauso su discurso, que terminó con un  emocionante salto en el tiempo: evocó la “chispita azul” que, de niña,  “me reveló que yo sería escritora, o que ya lo era”; y rogó a todos sus escuchantes que compartieran su alegría y que se tomaran muy en serio todas las historias y criaturas que ha creado durante todos estos años: “Por favor, creánselas porque me las he inventado”. Palabra de hada.


Pedro P. Hinojos.










 


Comentarios Sociales



Comentarios
Toledo
miércoles 27 de abril de 2011 a las 13:46 horas
Que morro tenéis los del Cluster Spanish !! utilizáis el Diario para promocionaros. Ahora que la comunidad va a privatizar empresas públicas, es decir venderselo a los amiguetes, espero que desaparezca los chiringuitos del cluster...
Panda vagos que viven del cuento, amigos de carnet !!
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Foto Iván Espínola