Hace casi tres años, el alcalaíno Manuel Fuertes Rodríguez, de 47 años, fue uno de los miles de promotores inmobiliarios que se vieron perjudicados por la crisis del ladrillo que anticipó la crisis económica de la que España trata de salir en la actualidad. Y en vez de parar en seco su vida profesional, se lanzó a la aventura de emular, con una gran inversión de tiempo y dinero, hazañas como las que protagonizaron a finales del siglo XIX Thomas Alva Edison o Alexander Graham Bell. El pasado 8 de abril obtuvo su recompensa: con el pionero producto Ensambler, ganó la medalla de oro en la sección de Patentes de Invención de Ingeniería Civil, Construcción y Arquitectura de la edición número 39 de la Exposición Internacional de Invenciones de Ginebra, las olimpiadas de los padres de avances científicos y tecnológicos.
“Se trata de un sistema automático de ensamblaje y soldado de vigas, que cubre una parte muy lenta y pesada del proceso de producción y que permite aumentar la producción entre el 400% y el 500%. Para hacernos una idea. Una estructura que con el método tradicional tarda en producirse unas dos horas, con varias personas, con nuestra máquina tarda unos 10 minutos. Y es tan versátil que se adapta a las necesidades del cliente en cuanto a dimensiones de las barras de hierro", explica Manuel, que ha estado desarrollando y probando esta tecnología punta complutense en su nave del polígono Camporroso.
El prototipo de la máquina, que mide 13 metros de largo por tres de ancho, permite elaborar el ensamblaje de las barras con una precisión de cirujano gracias a una cámara de vídeo y a un sistema de infrarrojos. “La fiabilidad de la unión es del 100%, y de ello ya pueden dar buena cuenta algunas empresas españolas con las que ya hemos trabajado", asegura Manuel, que comercializa el invento a través de su empresa Mafer SLU.
Este emprendedor-inventor, que aunque no acabó la carrera, realizó estudios de Ingeniería, ha contado en la elaboración del proyecto con sus más allegados: “Mi mujer, mi hermano y mi cuñado. Hemos dedicado muchas horas de trabajo y también mucho dinero. Sólo registrar una patente cuesta en torno a los 20.000 euros. Y sin contar los planos. Fue una apuesta muy arriesgada", explica, para lamentar a continuación la “falta de ayudas para la I+D+i de los pequeños emprendedores", por parte de las administraciones públicas, “que sólo se ocupan de la Innovación de las grandes empresas".
Esta última fue, precisamente, la reflexión que Fuertes compartió —además del stand— con los otros 14 inventores españoles (de un total de 700, en un 80% asiáticos, presentes en la Exposición Internacional de Invenciones) que se dieron cita en Ginebra. Y allí encontró mucho ingenio patrio. Entre los artilugios que más le impresionaron había “un chupete electrónico" .
Además de la medalla de oro, Manuel se trajo de la ciudad suiza una gran esperanza de futuro. En el certamen internacional contactó con una empresa taiwanesa especializada en la construcción de estructuras de edificios capaces de soportar embates sísmicos. “Es una compañía ligada al gobierno taiwanés y a una universidad y consideran ideal nuestro invento para este tipo de edificaciones", aclara el inventor, que se dispone a emprender una aventura asiática que le abra más puertas al mercado mundial. Y la verdad es que aunque está ilusionadísimo, siente un poco de “vértigo y cosquillas en el estómago".
Fuertes, que también pretende lograr algún tipo de colaboración con la Universidad de Alcalá para avanzar en la “automatización" del sistema de ensamblaje de vigas, da un consejo a todos aquellos que tengan un invento en la cabeza: “Nunca deben perder la ilusión. Si tienen una idea deben empeñarse en llevarla a cabo".
Por F. Escudero. |