Estuvo muy ligado, por ejemplo, al mítico Manolete, seis años más joven que él. Compartieron muchos carteles y labraron una amistad que tuvo mucho que ver precisamente en la prematura retirada de los ruedos de El Estudiante.
Según se cuenta, en una conversación entre ambos, ‘El Califa’ le espetó: “Como sigamos así, Luis, un día nos va a matar un toro”. La reflexión caló hondo en el diestro complutense y el 17 de junio del 47 dejó los toros. Dos meses después, Manolete fallecía en la plaza de toros de Linares, corneado mortalmente por el miura Islero. La figura de El Estudiante, por otra parte, también quedó enredada en el mundo literario, que tan presente estuvo en aquella época dorada del toreo.
Así, de él diría el escritor norteamericano, premio Nobel y acreditado taurino Ernest Hemingway, en su libro Muerte en la tarde (1932), que era “un buen estudiante, con rostro inteligente, moreno y agradable, y con un cuerpo que podrá servir de modelo de torero joven que posee, con la capa y la muleta, un buen estilo moderno, y mata deprisa y bien”.
Añadió el autor de Adiós a las armas que fue “ascendido a matador en 1932, y según algunos aficionados a los que doy crédito, estuvo excelente e hizo concebir grandes esperanzas, aunque de cuando en cuando, con la muleta, su valor y su deseo de hacer una faena lucida le han puesto en situaciones críticas de las que no tenía conciencia y de las que sólo se salvaba a fuerza de suerte y buenos reflejos”.
Pedro P. Hinojos
La advertencia de Manolete y el retrato de Hemingway |