Y aprovechando que se cumplen cien años de su nacimiento, la ciudad se lo ha reconocido con el título de Hijo Predilecto a título póstumo. El salón de plenos del Ayuntamiento fue escenario del homenaje en la tarde del sábado.
Mariví, una de las hijas del torero, se encargó de recibir de manos del alcalde, y ante la Corporación, el pergamino y la medalla que acreditan a ‘El Estudiante’ como Hijo Predilecto de la ciudad. Se puso broche así a unos homenajes que arrancaron hace un mes, coincidiendo con la conmemoración del centenario del nacimiento del diestro, con la celebración de una misa en la ermita de la Virgen del Val, a la que siempre guardó devoción.
Luis Gómez Calleja nació un día de febrero de 1911 (el 19 o el 20; los biógrafos taurinos no se ponen de acuerdo) en una casa de la calle Ancha, hoy Teniente Ruiz. Las calles y plazas del Casco Histórico fueron escenario de su infancia, en la que destacó por su afición a los libros y su inclinación a los estudios. Siendo un adolescente se estableció con su familia a Madrid y allí inició la carrera de perito comercial. Parecía que su trayectoria estaba trazada cuando tuvo la oportunidad de participar en una capea y quedó atrapado por la pasión de la lidia. Abandonó entonces los estudios y se consagró a la que sería su definitiva carrera: la de los ruedos.
Las monjas adoratrices de Alcalá le bordaron en oro un capote de paseo, que fue el que lució en marzo de 1932 en la plaza de Valencia, durante la feria de San José, donde realizó el paseíllo de su alternativa como torero. Se consideraba un “ortodoxo” del toreo; y los críticos le reconocían sobriedad y amplias facultades a partir de un porte imponente: alto, distinguido, poderoso.
En 1935 ya se le consideraba un torero consagrado, bautizado en los tendidos madrileños con el apodo de ‘El Estudiante’; y en 1936 fue el maestro que más corridas mató, con un total de veinticinco. Tuvo la destreza de adaptarse a los cambios en la lidia que impuso la guerra civil. Antes de la contienda dominaban los toros grandes y pesados; luego se impusieron reses más ligeras y con menor bravura. El Estudiante también salió airoso de la durísima competencia en el escalafón, compartiendo cartel con las grandes figuras de momento en las principales plazas del país. También se prodigó por los cosos americanos, con actuaciones memorables en México, Perú, Colombia y Venezuela.
Se cortó la coleta el 19 de junio de 1947 en Madrid, alternando con Pepe Luis Vázquez y El Andaluz. Todos los críticos señalan que fue una retirada prematura, pues el diestro alcalaíno se encontraba en plenitud de condiciones. De hecho, siguió impartiendo magisterio en festivales benéficos hasta 1952.
A partir de entonces repartió su vida entre su finca agrícola, cercana a Alcalá, y Madrid, donde residía su familia, con su mujer Mariví Bello y sus tres hijos, Mariví, Yolanda y Luis; y donde daba rienda suelta a su fervor taurino como aficionado, con un abono en Las Ventas.
No perdió, eso sí, el contacto en ningún momento con su ciudad natal, de la que siempre hizo patria, pues ante todo se consideraba complutense. Curiosamente sus paisanos solo le vieron torear una sola vez en Alcalá con motivo de un festival.
Por iniciativa de la peña Tercio de Quites, en 1989 se colocó una placa conmemorativa en la fachada de la casa donde nació. Una calle cercana al paseo de Aguadores también rememora al matador, que falleció en su casa de Madrid el 14 de julio de 1995. Fue enterrado en Alcalá, como era su deseo.
Pedro P. Hinojos |