“Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir”, escribe Carlos Aladro en su despacho del Corral de Comedias. El coordinador artístico del teatro de la Plaza de Cervantes tiene un cariño especial por el trabajo de Jorge Manrique. No obstante, las Coplas a la muerte de su padre fueron los protagonistas del último espectáculo que llevó a las tablas del Teatro La Abadía, en enero, junto a Amancio Prada. “La poesía tiene algo que a todos llama y con Manrique pasa eso. Tú escuchas en la calle este verso y dices ‘me suena’. Lo reconoce una persona con estudios y el que ha pasado por el colegio sólo tres días. Ese es el poder de la poesía”, asegura Carlos quien tiene claro que hacer versos es un arte para genios de altura.
La poesía también cautivó a Matías Escalera, profesor de Lengua y Literatura en el IES Atenea. Es escritor y ha publicado dos libros de poesía, el último Pero no islas (Germanía). A finales de año publicará el tercero, Poemas de invierno para un verano sin fin, con la editorial Eclipsados. Utiliza la poesía, como también otros géneros literarios, “como un modo de expresión para decir cosas acerca del mundo y de lo que veo”. Asimismo explica que como profesor “más allá de mi condición de escritor procuro que los que me rodean aprecien la lectura y especialmente la literatura como una vía de conocimiento”.

Un caso distinto es el de Francisco Peña: el concejal del PSOE que escribe versos. La culpa fue, como siempre, de la adolescencia. Pero una crisis vital fue la que lo encadenó a las noches en vela, principal combustible de su poesía: “Necesito un sosiego y una concentración especial”.

Las ojeras son precisamente el precio que hay que pagar en el caso de Francisco José Martínez Morán, el joven poeta de Alcalá (nació en 1981) que ganó el premio nacional Hiperión en 2009: “Dormir poco es el secreto”, responde cuando le preguntan como logra leer cuatro libros a la semana, terminar un doctorado e hilar endecasílabos y heptasílabos que han visto la luz en forma de libros publicados y hasta un blog, muy visitado a raíz de su galardón. Sea como fuere, ha merecido la pena. Escribe poesía desde niño y lo hace “porque me parece la única manera de dialogar con los libros”.

No todo es rigurosa métrica y refinado pulso lírico. El reputado rapero Rayden promulga su amor por la poesía pese a que no sostiene este sentimiento en convencionalismos del pasado. David Martínez, devorador de versos desde su infancia, defiende el valor de los poemas y “la capacidad que tienen de adaptarse a las distintas épocas que vive el ser humano”. Rayden, como buen rapero, crea poemas urbanos de todo tipo, pero siempre bajo la convicción de que “la poesía es un gran instrumento para comunicar sentimientos”.

“La poesía es la voz y el periódico de la calle”, opina Rayden, que sitúa a Pablo Neruda y Bécquer entre sus preferencias, “aunque también me gustan mucho las letras de Joaquín Sabina, sin embargo, no siento lo mismo por su música”. La poesía, bajo las creencias de Rayden, “es capaz de transportarte al pasado y situarte en aquella realidad”, función que no confronta con “la posibilidad de adaptarse a los nuevos tiempos”. “La inventiva para doblar el lenguaje y crear figuras retóricas cambia con el paso del tiempo, pero nunca se deja de utilizar”, zanja Rayden, un amante del verso y el cacareo. |