Salvada ‘in extremis’ de la ruina, y tras casi dos años de reformas, la capilla de las Santas Formas luce ya como debió hacerlo cuando fue concluida, en los últimos años del siglo XVII: traspasada por la luz natural y coloreada con las espectaculares pinturales murales de su bóveda. El obispo y el alcalde presidieron en la mañana de ayer la reapertura de este rincón único del patrimonio histórico, cultural y popular de Alcalá.
Durante muchos años solo fue un edificio cuarteado por las grietas por fuera y un espacio polvoriento y oscuro por dentro. Pero desde hace algunos meses, el rojo vivo domina los muros y la cúpula en el exterior; y desde ayer, el interior es un templo luminoso y estilizado. Varias decenas de feligreses y una nutrida comitiva institucional encabezada por el alcalde Bartolomé González y el obispo Juan Antonio Reig Plà, fueron testigos de la reapertura de la capilla de las Santas Formas de la iglesia de Santa María la Mayor, uno de los monumentos más valiosos y menos conocidos del patrimonio alcalaíno; y a la vez uno de los más señeros de las viejas tradiciones de la ciudad.
De subrayar esa importancia se ocupó José Luis González, director de la oficina técnica de la Diócesis y responsable de la restauración, que explicó a los asistentes los trabajos de recuperación realizados, así como la complejidad de los mismos, dado el avanzado estado de deterioro de la construcción. Especial hincapié puso en el rescate de las pinturas murales de la cúpula, “una joya del Barroco”, cuyos fogosos colores relucen más aún merced a la eliminación de los tabiques que en el siglo XIX cegaron las ventanas destinadas a iluminar la bóveda. El alcalde y el obispo se felicitaron por la obra realizada en la capilla, a la que el Ayuntamiento se sumó con una inversión de 590.000 euros procedentes del Plan E, “conscientes de su importancia artística y del gran simbolismo de este lugar”, en palabras del regidor .
LUGAR DE VENERACIÓN. La capilla se terminó de construir en torno a 1687, como anexo a la iglesia de Santa María, perteneciente al Colegio Máximo de los Jesuitas. Se construyó para venerar en ellas las Santas Formas, 24 hostias consagradas que se consideraban milagrosas y que contaron con gran fervor popular durante siglos en la ciudad. A ella se adosó una sacristía, que se terminó de construir en torno a 1730 y que también ha sido restaurada ahora.
Las pinturas de la cúpula y el tambor son obra de Juan Vicente de Ribera (Madrid, 1668-1736), quien dejó su firma en uno de los paneles en 1689. Fue pupilo de Francisco Rizzi y Antonio Palomino, artistas destacados en la recta final de la pintura barroca en España e incluso se llegó a postular como candidato a pintor de la corte.
Angelotes, ornamentos florales, alegorías y filacterias decoran los diferentes murales de la cúpula. Las grietas y agujeros, por donde se ha filtrado la lluvia, el viento y los excrementos de las aves durante décadas, han provocado la desaparición de algunas de las pinturas para siempre. Otras, no obstante, han padecido el deterioro de rehabilitaciones agresivas y defectuosas desarrolladas a lo largo del XIX. Pero los restauradores han logrado salvar el grueso del que pasa por ser uno de los mejores muestrarios de pintura mural de Alcalá, que a partir de ahora podrá ser admirada de nuevo por el público. Con luz y a todo color.
Pedro P. Hinojos. |