¿Es el olvido del ausente el amargo precio del paso del tiempo? En absoluto. Y ayer se puso de manifiesto en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá, que albergó la séptima edición de los Premios Anuales de la Fundación Rodolfo Benito Samaniego, donde en un acto sobrio y emotivo, la memoria de las víctimas del 11-M estuvo tan presente como en años anteriores.
Un problema de salud impidió que el escultor y pintor vasco Agustín Ibarrola pudiera recoger el galardón que la Fundación le concedió a título individual en el capítulo Valores de
Convivencia. Lo recogió su nieto Naiel, pero Ibarrola no quiso dejar de dirigir unas palabras al auditorio, a través de un mensaje grabado: “Quiero que este premio sea realmente el premio de tantos luchadores que, desde la dictadura, ha trabajado para crear una sociedad libre”. Palabra de un venerable artista que vive con escolta por su compromiso con la paz y con la democracia.
Ruta Quetzal
El Premio Colectivo Valores de Convivencia le correspondía, en esta ocasión a la Ruta Quetzal BBVA, cuyo subdirector, Andrés Ciudad, destacó que, después de 25 años, esta iniciativa sigue ofreciendo a los adolescentes preuniversitarios un camino iniciático de “convivencia”.
Antonio José del Ama, ingeniero técnico industrial (como lo era Rodolfo Benito) recogió el premio a la Innovación Tecnológica, que también tuvo dos menciones especiales para Clara Martín Rodríguez y Víctor Rodríguez de la Cruz.
Tras la entrega de los galardones, la presidenta de la Fundación, Ana Isabel Hidalgo, afirmó que a pesar de los siete años transcurridos desde los atentados, “no se olvida a las víctimas”, “aunque queda mucho camino por recorrer”. |