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Lo que las alimañas de marisma saben de la muerte de Mari Luz
Xavier Colás - viernes 4 de marzo de 2011 a las 12:14 horas
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El profesor de la UAH Juan Junoy fue quien analizó los organismos hallados en el cuerpo de la niña asesinada

 

Juan Junoy, profesor del Departamento de Zoología y Antropología Física de la Universidad de Alcalá, pasa su vida mirando a través de una lupa o un microscopio. Al otro lado le hacen compañía gusanos, pequeños crustáceos y otros bichos diminutos. Pero de vez en cuando las alimañas de charca sirven para señalar con el dedo a las alimañas humanas. Por eso una mañana de marzo de 2008, tres semanas después de que apareciese el cadáver de la niña Mari Luz Cortés, unos policías fueron a buscarle al laboratorio con algo de misterio y un bote en la mano.

 

“Es un caso muy mediático, pero está sub iudice, así que de momento no se puede decir nada más”, le explicaron a Junoy, que se puso a trabajar sin saber que estaba investigando el crimen que tenía en ese momento conmocionada a España. En el recipiente había seis bichos, y su trabajo era dictaminar a qué especie pertenecían y en qué ecosistema se encontraban. No sabía que habían sido hallados en el cuerpo de la pequeña, seis devoradores de carne en descomposición que acuden en cuanto detectan un organismo acabado: “Son carroñeros”, señala Junoy, buen conocedor de esta tenebrosa fauna. Estos crustáceos isópodos, parientes de los vulgares bichos bola con los que juegan los niños en los parques, son lo más cercano a la cochinilla de humedal. Saben comer de todo, algas o hierbajos, pero en cuanto huelen a ser vivo muerto atacan sin dudar. La materia orgánica les chifla: “Algunos son muy oportunistas, si hay un pez herido se tiran a por él”, aunque para su desgracia la carroña aparece muy de vez en cuando. Pero cuando sucede les llega el olor de la cadaverina, un compuesto con amoniaco resultante de la degradación de las proteínas.

 

 

El proceso no sería tan fácil como pensaban los agentes. Junoy se dio cuenta de que si quería el dni del crustáceo hallado en el cuerpo de Mari Luz, tendría que destruir uno de ellos. “Para ese reconocimiento necesito extraer las piezas dentales, hacer de dentista”, explica Junoy, que la semana pasada declaró como especialista en el juicio por el asesinato de Mari Luz Cortés. Los seis ejemplares conservados en alcohol que recibió constituyen pruebas, así que antes de cercenar una de ellas tuvo que pedir autorización.

Cuando tuvo el ok se puso manos a la obra. Tres días para arrasar con las mandíbulas que a su vez se cebaron con el cuerpo de la pequeña, con las pestañas pegadas a la lupa y unas afiladas pinzas por todo armamento. Y mucha paciencia, claro.

 

Al cuarto día lo tuvo fichado: Lekanespaera Rugicauda. También conocido como Sphaeroma. Un habitual de las marismas donde apareció la pobre niña. Un bicho muy característico de la zona, aunque conocido en toda Europa. Esto refuerza la idea de que el cuerpo se descompuso allí donde fue hallado, y no en otro lugar.

 

Modestamente, Junoy añade que no se trata de algo crucial en el caso. Pero sí es importante a la hora de sustentar con datos la tesis que tiene la Policía: “Parece poca cosa pero hay que verlo todo antes del juicio, nunca se sabe qué tecla va a saltar” o por dónde va a salir la defensa.

 

En su declaración Junoy se ciñó a su informe, incidió en que se trata de un animal de zonas de estuario. “Declaré en los juzgados de la calle Colegios, por videoconferencia. No vi a Santiago del Valle ni me preguntó la defensa, yo respondía al fiscal.

El concienzudo análisis de Junoy tuvo su minuto de gloria en informativos y teletipos, aunque la autoría del informe ha permanecido oculta hasta hoy. En el juicio se hizo constar que, según el informe realizado por “un catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares” sobre crustáceos isópodos hallados también en el cuerpo, ésa especie “vive en aguas salobres y de marismas con suelo fangoso".

 

Tan fangoso como el entramado de pruebas y declaraciones dentro y fuera de la sala, a las que se ha agarrado la defensa para aspirar a la absolución. Junoy ha hecho hablar a los crustáceos isópodos todo lo que sabían. Pero los humanos son más malvados y listos para encubrirse.

 

 

 

La ciencia no logra cercar al asesino

Pese a los esfuerzos de Junoy y de otros expertos llamados a analizar pruebas para el juicio, los análisis biológicos y químicos practicados por la Policía Científica no han conseguido cercar a Santiago del Valle. Las muestras obtenidas en la casa, ropa y vehículo de los acusados así como en el cadáver y la ropa de Mari Luz no permiten vincular de manera alguna a unos con la otra. La detección de estas algas microscópicas en órganos cerrados, como la médula ósea, confirma que la inmersión se produjo en vida, ya que es necesario que exista actividad cardiorespiratoria para que las diatomeas procedentes del agua se distribuyan hacia estos órganos. identificado los mismos géneros de diatomeas en muestras de agua de la marisma de Huelva que en la muestra de la médula ósea.  Mari Luz Cortés murió ahogada: así lo acreditan la presencia de algas diatomeas en la médula ósea del cuerpo. Murió por inhalación premortem de agua.Por todo esto no se puede determinar sin duda el lugar y la fecha de la muerte de la pequeña, si bien las muestras no son compatibles con que el cuerpo hubiera estado sumergido desde el principio porque los dípteros y coleópteros son terrestres y por tanto tendrían que haber llegado a éste estando en superficie.


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