Sus ojos no eran azules, sino marrones; y a pesar de contar con unos 45 años, tenía el aspecto de un anciano. Así era el rostro de Ötzi, un hombre fallecido hace 5.300 años en un glaciar de los Alpes italianos y cuyo cuerpo fue hallado hace dos décadas, convirtiéndose en la momia natural más antigua del mundo. Empleando tecnología forense de vanguardia, dos científicos holandeses, Alfons y Adrie Kennis, han reconstruido la cara de este misterioso hombre, cuya vida y muerte, así como las circunstancias en que fue hallado y la época en que se desarrolló su vida, fueron recreadas en una exposición en el Museo Arqueológico Regional de Alcalá en 2009.
Con proyecciones en tres dimensiones de la calavera de la momia, además de imágenes en infrarrojo y tomografías, los científicos holandeses han reconstruido el semblante de Ötzi, bautizado así por el lugar donde fue hallado: las montañas del valle de Ötz. El resultado muestra a un hombre prematuramente envejecido, cuya cara estaba surcada de profundas arrugas y sus mejillas hundidas. Hasta ahora se pensaba que tuvo los ojos azules, pero eran marrones y vivos, según la última recreación de los Kennis.
La penúltima tuvo como escenario el patio de cristales del museo de la complutense plaza de las Bernardas. Aquella exposición, que batió récords de público en el Arqueológico, aportó datos insólitos sobre la existencia del Hombre de Hielo, el otro nombre por el que se conoce la momia, hallada semienterrada en el hielo del glaciar alpino de Tisenjoch, a 3.210 metros de altura, justo en la frontera entre Austria e Italia por dos excursionistas alemanes, en el mes de septiembre de 1991.
A través de un recorrido por réplicas de los objetos y las ropas que se encontraron junto a Ötzi, así como recreaciones del lugar y la posición en que fue hallado e incluso una conexión permanente a través de una webcam con la sala del museo de Bolzano donde se exhibe la momia; los visitantes pudieron hacerse una idea cabal de cómo era aquel hombre de hace 5.000 años.
De 1,65 metros de altura, cincuenta kilos de peso y alrededor de 45 años, los análisis realizados han revelado que Ötzi no tuvo una vida fácil precisamente: sufría problemas de circulación, tenía lombrices en el estómago y padecía una enfermedad crónica indeterminada. En su juventud, además, debió romperse la nariz y las costillas en algún accidente o reyerta, porque aún presentan señales de las fracturas. Asimismo, en el momento de su muerte vestía calzas de piel de cabra, un gorro de piel de oso, una capa y un calzón.
En el estómago de Ötzi se encontraron restos de gamuza (cabra montesa típica de los Alpes), de cereales y algunas bayas, alimentos que debían formar la dieta habitual de los hombres y mujeres que vivieron en aquellas montañas y en aquel tiempo. También se hallaron restos de carbonilla, lo que revela que parte de la consumido fue asado a la lumbre.
¿Ornamento o acupuntura?. Por otra parte, en su cuerpo se han localizado 57 tatuajes, con la forma de pequeños cortes verticales. Su función podría ser puramente ornamental, pero los investigadores se decantan más bien por la posibilidad de que esas marcas fueran fruto de un tratamiento para aliviar el dolor. Las incisiones se localizan, sobre todo, junto a la espina dorsal, en una rodilla y en las pantorrillas.
En cualquier caso, el mayor misterio del Hombre del Hielo sigue siendo su muerte. Para empezar, no está claro qué hacía en un lugar tan alejado e inhóspito, donde ni siquiera había caza. Se ha especulado con que podría dedicarse a comerciar con otras tribus y por eso debía cruzar las montañas. Sea como fuere, en el momento de encontrar su muerte, Ötzi iba bien armado con un arco, un carcaj con flechas y un hacha, además de una bolsa con herramientas. Y huía de su agresor o agresores. ¿Una lucha entre tribus, una simple pelea, un intento de robo por parte de bandidos? Imposible saberlo. Lo cierto es que su perseguidor le atacó por la espalda: le alcanzó con una flecha en un homóplato. Sangró con abundancia pero parece ser que la muerte le sobrevino al caer y golpearse la cabeza con una piedra.
También parece que Ötzi murió ‘con las botas puestas’. Cuando fue desenterrado, el personal de salvamento encontró en su mano derecha, fuertemente agarrado, su puñal de sílex.
P.P.H. |