Lámparas, muebles, prendas de ropa, cuencos del Tibet, tankas de Nepal, anillos de plata, estatuillas de buda, tapices de sedas o camas y cojines tailandeses para hacer yoga... Todo cien por cien artesanal y traído directamente de sus países de origen. Ésta es la propuesta de Arya Tara, con Olga Moraga a la cabeza. Una ex deportista profesional convertida en emprendedora muy ‘zen’.
“Somos una comunidad que promueve el intercambio cultural entre los pueblos. Colaboramos y aprendemos de los más pobres en recursos materiales pero ricos en espíritu", con esta filosofía abre sus puertas Arya Tara, la segunda tienda que cuatro jóvenes emprendedores han puesto en marcha en el número 56 de la Calle Mayor. La primera Arya Tara que ocupa el local número 17, también a la vera de los soportales, lleva un año y medio en pie y en agosto de este año, nació la segunda criatura.
El punto fuerte de esta nueva tienda son piezas decorativas, diferentes y artesanales, únicas en Alcalá, que traen directamente desde Nepal, La India y Tailandia, sin intermediarios. Del artesano a la tienda. "Uno de los socios, Hugo, es el que viaja, busca los productos y manda los paquetes. Cada caja que llega y abrimos es una sorpresa" explica Olga Moraga, la responsable del comercio.
Olga y su equipo llegaron de Arganda. Como en esta localidad madrileña no había locales grandes y el público era menor, decidieron que fuera Alcalá el lugar elegido para asentar su negocio. No tuvieron excesivos problemas a la hora de que les alquilaran los espacios, tal y como comenta Olga “el propietario no estaba muy por la labor de alquilar a comercios chinos porque ya estaba muy masificado en la Calle Mayor, y además, les gustó nuestro proyecto y la idea de hacer un comercio diferente".
Sin embargo, el inconveniente llegó con los bancos. “Nos denegaron el aval bancario y para abrir la segunda tienda tuvimos que volver a invertir lo que teníamos. Salió de nuestro bolsillo y tuvimos que comenzar otra vez de cero" apunta Moraga, "nos dijeron que no éramos rentables". Sin embargo el tesón y las ganas de estos cuatro emprendedores pudieron con las barreras y hoy en día, gozan de un público fiel. Un público que sabe que en Arya Tara encontrará casi un 75% de artículos artesanos, que al haber sido comprados directamente, sin intermediarios, hace que su precio no engorde desorbitadamente.
Muebles de maderas nobles y estilo auxiliar, camas tailandesas o los cojines, perfectos para los amantes del yoga que los necesitan para desarrollar sus ejercicios; tankas traídos directamente de Nepal, pintados a mano sobre una superficie de cuero y seda para que las paredes luzcan con las imágenes religiosas del budismo y que atraen los buenos augurios; cuencos orientales de bronce; estatuas de Buda, hechas con pintura de oro y bronce, con su certificado de autenticidad y huecas (como en antaño) para que su dueño guarde los secretos más íntimos en su interior o una amplia colección de tapices y ropa confeccionada con materiales naturales, como la seda o el algodón, nada de tejidos sintéticos que van desde los turcos de satén o afganos de algodón (los populares pantalones 'cagados' que han causado furor este verano), hasta las camisas para chicos de cuello 'mao', los vestidos de seda y estampados étnicos, o los quimonos.
Olga está convencida de que el éxito que reflejan sus tiendas reside en que los cuatro socios son, ante todo amigos: "Somos muy diferentes pero nos complementamos muy bien y todos aportamos una parte. Los chicos son más tranquilos y es la parte más racional. Yo soy más nerviosa por lo que ellos me calman a mí y yo les motivo a ellos". El cliente de Arya Tara, además de vestir con prendas artesanales y decorar su hogar, o regalar artículos exclusivos, con esencias tibetanas e hindúes, colaboras al desarrollo de la educación de los más necesitados, ya que parte de los beneficios de Arya Tara, se destinan a la construcción de un taller escuela en Nepal. Una forma diferente de hacer comercio, sí es posible. |