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Sonido vienés y sabor garrapiñado para despedir el 2010
Emilio Sánchez - domingo 2 de enero de 2011 a las 09:48 horas
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La Orquesta de la Radio Nacional de Ucrania realizó el Concierto de Fin de Año en el Teatro Salón Cervantes.

 

El templo del drama en Alcalá no falló a su cita con la música el último día del año. Una música elaborada en un laboratorio selecto, lejos de la sencillez de otros géneros que deben atender y disfrutar de la sinfonía que conquista el TSC cada 31 de diciembre. El teatro alcalaíno, abarrotado y expectante ante el baile de la batuta de Vladimir Sheiko, director de la Orquesta Sinfónica de la Radio Nacional de Ucrania, se deleitó de un recital en el que valses, polkas y demás clásicos del año nuevo despejaron los oídos de muchos que se empacharon de buena música y almendras garrapiñadas durante dos horas, antes de empacharse de langostinos.

 

Contrabajos, violonchelos y las armas de los percusionistas reposaban sobre las tablas del TSC mientras sus butacas iban engordando la estancia antes de las 18,00 horas. Los palcos y el foso fueron ocupados por hombres vestidos de etiqueta y mujeres con abrigos de visón. Las inmóviles sillas de madera esperaban a cuarenta músicos dispuestos a alegrar la última tarde del año de la crisis con ritmo vienés a los que acertaron a cruzar el umbral del teatro. Una experimentada orquesta alérgica al error  y amiga de la broma esperaba al otro lado, mientras el manjar garrapiñado alcalaíno reposaba en amplias bandejas que con elegancia o gula consumieron los complutenses.

 

La corporación municipal contó con la edil de Turismo, Marta Viñuelas, como representante encargada de felicitar el año nuevo al público que abarrotó el TSC. Tras el paso de la concejala, las tablas negras se iluminaron antes de la incursión de los músicos engalanados de negro, y pajarita blanca en el caso de los hombres, salvo uno. El dueño de la batuta, Vladimir Sheiko, se colocó en el centro de la escena con su pajarita grana para espantar el aburrimiento del TSC.

 

El primer remedio fue Morgenstimmung, paisaje bucólico en el que la percusión y las trompetas esperan su turno. Un sonado aplauso reconoció la magnífica entrada de la orquesta eslava en el TSC, que prosiguió su actuación de año nuevo. Un Óscar irrumpió en el teatro cuando los compases del Doctor Zhivago inundaron la sala, antes de que el violinista solista de la orquesta ofreciese su primer monólogo envuelto por la pasión de Romance, de Sviridov, que no entraña más que melancolía entre sus notas.

 

Una cascada musical bañó al respetable con el conocidísimo vals La bella durmiente, donde viento y cuerda conducen la sinfonía con un tintineo puntual tras ellos. El vals continúo dejando su sello en Alcalá con otra sucesión de ritmos grabados en la cabeza de amantes y detractores de la música clásica. En el bello Danubio azul, primera incursión de Strauss, precedió a la poderosa banda sonora de Carros de fuego, del griego Vangelis. La obra cargada de energía que parece descorcharse ante la mirada de todos despidió la primera parte del concierto junto a la Obertura de la Ópera Taras Bulba.

 

El reino de Strauss hijo amplió sus dominios durante toda la segunda parte del concierto. El vals Voces de primavera abrió una hora de música cargada de alegría y velocidad cuando la polka se hizo dueña de las tablas. La tormenta de música de Truenos y relámpagos obligó a los percusionistas a exhibir su maña, finalmente reconocida por Sheiko. Composiciones que parecen saltar de puntillas como Perpetuum Mobile y Klipp Klapp precedieron a uno de los momentos divertidos de la tarde, cuando un móvil sonó y el director mostró su cara afable. La risa fue un invitado que ya no abandonaría el TSC gracias a multitud de bromas que encontraron su cima en una flautista que se colocó en el filo del escenario ante la mirada de todos. Tan solo entonó dos únicas notas cuando el resto callaban, ya fuera para desafinar o para provocar nuevas carcajadas que estallaron cuando se mostró la partitura que precisó, compuesta por dos corcheas.

 

La polka De caza, con un Sheiko ataviado con sombrero de montaraz y armado con una pistola, protagonizó la última composición del programa antes de cobrarse como presa a una gallina desplumada con dos disparos. El brindis entre uno de los violinistas y el director ucraniano contó con la banda sonora de todos sus compañeros recitando sus partituras tras ellos, antes de que la navidad patria se colará entre los ritmos eslavos con la interpretación del villancico Los peces en el río. La imprescindible y triunfal Marcha Radetzky, acompañada por las palmas de todo el público, despidió el arte en 2010 sobre las tablas del TSC, que felicitó con música el año nuevo a los alcalaínos.


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Foto: Iván Espínola