Justo al otro lado del mundo, el nombre de Cervantes evoca un mundo mágico y sobrecogedor, aunque no tiene nada que ver con la invención literaria y las aventuras de su inmortal Don Quijote. Una explanada interminable sembrada de piedras puntiagudas, convertida en uno de los puntos de peregrinación de moda para los aficionados al turismo exótico, tiene como puerta de entrada una pequeña población que lleva el nombre de nuestro paisano más universal. Se trata del parque nacional de Nambung, en la costa occidental de la siempre sorprendente Australia, por el que pasan cerca de 200.000 visitantes a lo largo del año, que a su vez comen langosta, compran souvenirs, se alojan o practican windsurf en la vecina Cervantes.
Situada a unos 250 kilómetros al norte de Perth, la ciudad de referencia en esa indómita región de Australia; el pueblo adoptó esa denominación hace menos de 50 años. Las autoridades de la zona decidieron bautizar el pueblo con ese nombre echando mano de un suceso que tuvo lugar frente a sus playas en el verano de 1844. Un barco ballenero llamado Cervantes, que según algunas guías turísticas tenía tripulación española aunque en realidad era de procedencia norteamericana, ancló cerca de la costa y un golpe de viento lo arrojó a la playa. El barco sufrió destrozos de fácil reparación, pero al no haber un puerto con astilleros en muchas millas a la redonda, la tripulación caminó hasta Perth y subastó todo lo que pudo de él. Solo quedó el casco, que se hundió en la bahia.
talavera road. Un siglo después se construyó frente al lugar del hundimiento un pequeño pueblo de pescadores de langosta al que se llamó Cervantes. Pasados algunos años, la municipalidad decidió ir más allá de la anécdota y abundar en el significado del nombre, lo que se tradujo en un callejero repleto de topónimos quijotescos y nombres de celebridades hispánicas, con una ortografía sui géneris. Así, en el viario aparecen letreros en los que figuran Barcelona, Sierra, Castilla, Seville, Talavera, Leon, Lerida, Cordoba, Majorca, Douro, Catalonia o Evro; y apellidos como Balboa, Picasso, Goya, Cortez o Sanchez, acompañados del street, avenue, place, creek, way o road de rigor. Cerca de un millar de vecinos habitan en el pueblo, y según las crónicas que la prensa española le ha dedicado al lugar, muy pocos conocen a Cervantes y El Quijote, y menos aún lo han leído.
Los cervanteños australianos se dedican a la pesca y, sobre todo, a atender a los turistas, que por miles llegan para visitar el Pinnacles Dessert, en el parque de Nambung, una especie de cementerio compuesto por rocas de caliza quebradiza formadas durante millones de años por la arena de las dunas que el viento del océano Índico empuja desde la playa. Se encuentra a 17 kilómetros de Cervantes, que también está a tiro de piedra de otro paraíso natural: el lago Tethis, donde se pueden admirar estromatolitos, que son los fósiles más antiguos del planeta.
Los primeros navegantes europeos que llegaron a esos parajes remotos en el siglo XVII quedaron fascinados con ese campo de piedras. Pensaron que se trataba de los restos de una civilización desaparecida. En lengua aborigen nambung significa ‘sinuoso’. Y, según los guías, los turistas le han cogido afición últimamente a identificarlos como dientes de gigantes.
Pedro P. Hinojos |